Las paredes del Templo y el Mudo son los grandes guardianes de los muchos secretos que se esconden bajo los techos de la Catedral de Triana. Se adelanta perfectamente a los distintos acontecimientos religiosos que tienen su punto álgido en la Parroquia de Santa Ana. Con arte inigualable e inquieto, espera algunos sábados por la mañana, sentado junto a una vieja mesa, a los muchos fieles que llegan a Santa Ana. Cada moneda que suena en el fondo de una bandeja es correspondida con un retrato de Señá Santa Ana, El Niño y La Virgen, cuando le parece insignificante la limosna, te mira a los ojos y enseguida te hace descubrir en su mirada aquello de “mi arma estírate un poco o quédate esperando que te dé una foto”. Llega la Cuaresma y por ende los traslados de las Imágenes Titulares de la Hermandad de la Esperanza de Triana para la celebración de sus Cultos anuales en la Real Parroquia de Santa Ana. El Mudo empieza a vivir los días con mayor intensidad, su corazón se acelera, su cansado cuerpo se fortalece, es fiel testigo de cada detalle, de cada flor colocada en el Altar de Cultos, de cada gota de cera que lagrimea sobre la plateada candelería.
Mañana de Jueves Santo y el Mudo que no cabe de si por tan incomparable gozo, no duda en compartir sus sentimientos con sus fieles amigos del Barrio que a muy temprana edad lo acogió como su niño protegido. No deja de dibujar sonrisas en su envejecido rostro, pasa la tarde y llega la noche. La Calle Larga de Triana, poco a poco es cubierta por un público expectante, sueños revividos de Madrugada y llega la Mañana. Su corazón se acelera ante el sonido de cornetas y tambores en el cercano Convento de la Encarnación, sin saber porque extraño milagro el Mudo por una mañana percibe con claridad los sonidos de la que se apaga Verde Madrugada. Desde la Puerta que apunta a la casa del Párroco puede ver como asoman seis ciriales y siente como el corazón se le sale del pecho del que cuelga una medalla. Se acerca la Reina de Triana, el Mudo levanta la vista y contempla con contenida entereza la aparición de los primeros varales y dos repletas esquinas de flores. Poco a poco revira el palio hasta que asoma por completo la belleza incomparable de la Esperanza de Triana, el Mudo no aguanta más, cada paso de su Virgen Morena su corazón un punto más acelera, hasta que llega a su vera y se detiene ante él. El milagro de la voz se hace presente en su callada garganta, tres veces llama guapa a la Virgen, tres piropos que no podrían entenderse mejor ni recitados por el mejor de los poetas. El más grande pregonero de Sevilla enmudece su silencio para gritar con fuerza “guapa” “guapa” “guapa” ¿Dime Dios mío si estoy en Triana o si me llamaste ya a la Gloria?, mares de lágrimas recorren sus mejillas, cierra los puños y en la Virgen de Pureza clava su mirada. No sólo son sus lágrimas, cientos de trianeros lloran con el Mudo de Santa Ana. Se aleja el palio y con él la Esperanza, el Mudo pierde a la Virgen de su vista y hace cuentas con sus manos para saber cuantos días le quedan para volver a encontrarse con Ella.
Al Mudo de Santa Ana con cariño de su amigo Jordi de Triana.