jueves, 31 de diciembre de 2009

EL FIN Y EL PRINCIPIO


EL FIN Y EL PRINCIPIO

La última cuenta de un rosario de 365 días inicia su inexorable camino que nos llevará a un nuevo año. Durante estos últimos doce meses muchos sueños se plasmaron en una hermosa realidad y otros perecieron como mera ilusión pasajera. Contrastes de luces y sombras que nos llevan a un nuevo horizonte de ilusiones por vivir.
Nuestras hermandades y cofradías han vivido un año intenso. En gran medida, el devenir de los acontecimientos ha venido condicionado por la proliferación de noticias de impacto, y que en gran medida, deben preocuparnos y ocuparnos, principalmente la nueva Ley sobre el aborto y la más que posible prohibición de crucifijos en colegios públicos. Indudablemente estos hechos han ocasionado un hondo pesar en los cofrades de Sevilla.
Lamentablemente una muy triste noticia se precipitó como pesada loza sobre los cimientos de nuestra Ciudad, que quedó rota en mil pedazos. Un acto despiadado y cruel acabó con la vida de nuestra Marta del Castillo. Una niña de Sevilla que sentía fervor por nuestra Semana Santa y que desde hace meses descansa junto a Nuestro Señor en el Cielo. Su vida se truncó a temprana edad. Sus desconsolados padres siguen buscando una respuesta imposible y rezan por encontrar el cuerpo de su niña, para entregarle un último beso y para que reciba cristiana sepultura. Su huella permanecerá en la memoria de Sevilla, como permanecerá el olor del último incienso que exhaló en vida, como quedarán sus vivencias cofrades, su última visita al Cachorro de Triana, su último paseo a orillas del viejo Guadalquivir o su último golpe de vista hacia la Giralda Centinela. Este triste pasaje en el devenir de la Historia de Sevilla oscurece todo lo bueno que pudimos vivir este último año.
Despedimos el año con lágrimas por la pérdida del padre Javierre. Se marchó con alegría y asomado a un privilegiado balcón de Sevilla que apunta hacia el Barrio de Triana. Su sonrisa contagiosa y su amor desprendido quedarán para siempre. Seguro que en el Cielo seguirá con su incansable labor de investigación y con sus ocurrencias.
Nuestro Cardenal Amigo se marchó con un hasta pronto. Todos recordamos al joven entusiasta que llegaba a Sevilla para continuar la obra de nuestro Cardenal Bueno Monreal. La cara amable de la jerarquía eclesiástica cerraba una inolvidable etapa de su vida y de la historia de la Iglesia de Sevilla. Su nombre quedará marcado con letras de amor en nuestros corazones. Llegó a nuestra Ciudad Juan José Asenjo para suplir la marcha de nuestro insustituible Cardenal.
Como nota positiva destacamos sobremanera que, por fin, pudimos disfrutar de una Semana Santa plena. Todas las hermandades pudieron realizar Estación Penitencial a la Santa Iglesia Catedral de Sevilla. Tras una Cuaresma de incertidumbre y dudas llegó un Domingo de Ramos espléndido, desde el prisma meteorológico, y que tuvo continuidad en el resto de jornadas de nuestra Semana Santa. Acontecimiento a reseñar la primera salida bajo palio de la Virgen de nuestra Señora Carmen Doloroso.
Todavía vivos los ecos de la última Madrugá, la Hermandad de la Esperanza de Triana revivió un acontecimiento trascendental en su Historia. Celebró el Veinticinco Aniversario de la Coronación Canónica de su Dolorosa Titular. La Junta de Gobierno se entregó en cuerpo y alma para entregarnos momentos de gran emotividad. Sevilla entera se volcó con la Esperanza en su retorno a Triana. Una noche inolvidable que terminó por romper en una hermosísima mañana. En horas vimos pasar por delante de nosotros los últimos cinco lustros en la vida de nuestra Hermandad.
El CENTRO DE APOYO INFANTIL ESPERANZA DE TRIANA fue una realidad en el año 2009. Un ilusionante proyecto ha visto la luz en Triana para cubrir las necesidades de unos niños y para dar tranquilidad a sus padres preocupados por el futuro, hasta entonces incierto, de sus hijos.
La salida del Cristo de la Salud de la Hermandad de Montesión resultó ser un auténtico regalo para Sevilla. Una Imagen, que invita al rezo en el interior de una pequeña capilla ubicada en el corazón de un Barrio con gran sabor, iluminaba con su Luz una jornada inolvidable para los hermanos de Montesión y para otros tantos sevillanos que vivieron el momento con emoción y sentimiento.
Sevilla volvió a vivir el día de La Esperanza, justo 100 días antes del Domingo de Ramos del año del Señor de 2010. Cinco Dolorosas que como cinco rosas brotaron en el alma de Sevilla para desbordarnos con su hermosura. Nuestras Hermandades y Cofradías ponían broche de oro a un año inolvidable.
Una semana después el Niño de Dios volvía a nacer en nuestros corazones. Nuestras vidas se abrían de par en par al Mesías y su espíritu nos alcanzaba de lleno. Las familias católicas celebramos una de las Fiestas Grandes del Calendario Litúrgico.
A punto están de sonar doce campanadas que nos llevarán a un nuevo año cargado de ilusiones y renovadas esperanzas. Doce campanadas que nos harán recordar a nuestros seres queridos en la memoria. Sentimientos contrapuestos al rememorar a quienes tantos años compartieron estos momentos de felicidad con nosotros y que hoy día participan del Banquete de Nuestro Señor Jesucristo. Tristeza por las ausencias y alabanzas a Dios por habernos regalado la presencia de nuestros seres amados.
Siguiendo una tradición de años, tras la última campanada, vuelvo a escuchar notas excelsas de “Amarguras” por mis hermanos “Ángeles Custodios de la Gloria”.
Celebramos con especial emoción las primeras navidades de nuestros niños recién nacidos. En ellos nos vemos a nosotros mismos y al niño que siempre llevaremos dentro. En sus pequeños ojos encontramos un nuevo motivo para seguir luchando. Necesitan de nosotros, de nuestro calor y de nuestro cariño, como nosotros necesitamos de su ternura, de su inocencia y de sus miradas complacientes ante cualquier gesto de amor que podamos mostrarles.
Un viejo año cierra sus ojos, cegado por la Luz de incesante amor desprendida por el Niño que acaba de nacer y un nuevo año abre su corazón a Sevilla. El principio nos devuelve a San Lorenzo y al Niño Grande de la Ciudad de los sueños. El Señor de Sevilla nos aguarda en la Basílica y los fieles acudimos a su llamada de amor infinito.
Iniciamos un camino que inexorablemente nos llevará a una nueva Madrugá de Viernes Santo, y como el mejor de los regalos, hacia el Dios de la poderosa zancada. Nuestros débiles corazones se fortalecerán ante el Señor, los pies cansados de las abuelas de la Ciudad caminarán con paso firme para que sus labios sedientos de amor alcancen a besar las manos de quien Todo lo Puede. Sevilla de tanto soñar, despertará para descubrir la penetrante mirada de DIOS.
“No me olvides nunca Gran Poder y el día que yo te falte llévame contigo a esa otra Plaza que nos aguarda en el Cielo sevillano” “Gracias Dios Mío por esta pequeña niña que pusiste entre mis brazos” “Gracias Gran Poder por poner tus manos eternas sobre la carita de mi ángel cuando tan cerca estuvo de marcharse para siempre”. “Ahora que te tengo tan cerca Padre Mío vuelvo a comprender que mi vida lejos de Ti carece de sentido”.

domingo, 29 de noviembre de 2009

CACHORRO MÍO


CACHORRO MÍO
Por calle Castilla avanzan parejas de oscuros nazarenos que retoman el camino hacia el comienzo. Sus cansados pies apuntan hacia el Patrocinio, al tiempo que sus fortalecidos corazones por mil veces volverían a cruzar el Puente hacia Sevilla. Atrás quedaron el calor de la tarde y el inicio de un nuevo sueño, Reyes Católicos, Sierpes, La Campana, La Catedral y su Torre Centinela y el Arco del Postigo.
Aromas de jazmín y de romero, sabores de canela y de hierbabuena, sonidos de cornetas y tambores, cantes por martinete y por soleares, vestigios del pasado que entremezclados con el incienso y la cera recrean la Triana pasional e imperecedera. Emociones y sentimientos a flor de piel en el Arrabal trianero. El viejo Altozano espera despierto, en desvelo y en silencio.
El Puente empieza a sentir escalofríos al percibir sobre sus pies las heladas aguas del Guadalquivir, sus barandas temblorosas sueñan con dejar de lado Ilusiones perdidas y retomar el camino de las añoranzas. En el corazón de Triana renacen viejas postales perdidas en el tiempo.
Hirientes puñales bañan de sangre la enlutada noche del Viernes Santo en Triana. La Cava dormida despierta para asomarse al balcón de San Jacinto y adivinar en el horizonte lejano de San Pablo la inigualable silueta del Cachorro de Triana, que a punto está de dar la espalda al Cielo de Sevilla.
Atrás quedó el hermano Arenal y el abrazo a la Caridad en el Baratillo. La noche se partió en dos, el alma de un Barrio tomó vida y se hizo visible a los ojos de una Ciudad que con lágrimas de despedida parecía decir “Ahí lo tenéis de nuevo”.
La más hermosa representación de la agonía de Dios en el madero adormece en lo alto de una canastilla. La Luna del Parasceve es testigo de excepción del prodigio de la madera reencarnada en el Hijo de DIOS. El barroquismo sevillano parece rehuir de su exagerado dramatismo para expresar sus más excelsos cánones de belleza y armonía en la que sin lugar a dudas resultó ser su obra cumbre.
El Cristo del Cachorro clava sus ojos en un Cielo color tinieblas en búsqueda de la Luz del Padre. Ingrávido e inerte trata de agarrarse a la vida. Torso moreno, hileras de sangre que resbalan por los costados y que como surcos recorren su espalda y brazos extendidos para abrazarse a la eternidad de la vida.
Cristo del Zurraque, amor perpetuamente prometido y mirada tan perdida, como anclada en el Corazón de Triana. Dicen que fuiste gitano y que cada día dejabas de lado el Castillo de San Jorge para cruzar el Puente entre barcas y entregarte a la otra orilla. Dicen que el gitano que llamaban Cachorro se encontró cara a cara con la muerte y que de su agonía el maestro utrerano tomó la justa medida de Tu Expiración.
A veces me pregunto si eres real o simplemente te apareciste en un sueño. Si eres real quisiera vivir mil años para mil veces volver a esta contigo, si te apareciste en un sueño, espero que éste se eternice, para no sentir que te marchaste y que nunca más volveré a verte.
Sobre el negro terciopelo de Triana dibujaron los ángeles del Cielo la ternura de DIOS entregada a la tortura de un madero. Como salido de un cuadro de Murillo o de Ribera la perfección se dibujó en el semblante de mi DIOS que agoniza enterrado en un monte de claveles que brotaron sobre el suelo de una parihuela.
El día que me falten las fuerzas y que no pueda estar contigo, te pido Cachorro Mío que me llames a tu vera. Llévame Cachorro Mío para que toque con mis manos el despertar de ese hermoso sueño que nos aguarda en un rincón de Cielo al que los ángeles dormidos de la Cava también llamaron Triana. Mi alma te espera para fundirse con el bronce moreno de tu dolor y mi corazón agradecido para morir en el mar de Tu bondad infinita. Llévame contigo Cachorro Mío, para que mis dos pequeñas trianeras del alma, cada tarde de Viernes Santo, puedan leer en tus ojos esas hermosas palabras que siempre quise dibujarles en mis labios, pero que nunca encontré para ellas. Llévame contigo Cachorro Mío, como te llevaste a tantos trianeros que se marcharon a la Triana eterna. Tu ausencia es mi vacío y Tú presencia el todo que llena mi soledad.
No murieron los hijos de Triana porque, Cachorro Mío, en esa Cruz que te aprisiona, eternamente duermen en paz su último sueño. Como los presos de la vieja Cárcel del Pópulo, tratamos de alcanzarte con nuestras manos para liberarte de tu celda de madera. Es el destino que supiste aceptar con resignación el que te aleja de nosotros. Tus llagas son vestigios del pecado y tu Expiración la antesala de la pureza de nuestras culpas.
Triana es un museo y Tu paso es un tapiz. Fueron las manos de un escultor iluminado desde el Cielo las que te dieron esa vida que en cada suspiro se te marcha. Una noche sus ojos vieron morir a un príncipe gitano y del ahogo de su muerte esculpió al REY de REYES. El Cachorro expira en cada levantá al Cielo de Sevilla, pero nunca muere, porque el amor de su Barrio lo mantiene con vida. Quisiera ser lienzo para sentir dibujado sobre mis entrañas el rostro de tu agonía o pincel para perfilar las líneas exactas de Tu perfecta silueta. Quisiera ser clavel para sentir sobre mí cada gota de tu sangre. Farol para iluminar Tú rostro, poesía para rimar en suavidad con tu sufrimiento o música para acallar tus lamentos. Quisiera ser Tarde de Viernes Santo para tenerte siempre entre mis brazos y Tu costalero para cargar con el peso de Tú Cruz.
En el ocaso de cada Viernes Santo recuerdo las palabras de los abuelos de mi Barrio y por el cuerpo me recorren escalofríos como tímpanos de hielo que me hacen estremecer. Una triste jornada, las llamas prendieron al Cristo de la Expiración y a Nuestra Virgen del Patrocinio. Milagrosamente, la Imagen del Cachorro pudo salvarse, a pesar de los importantes daños sufridos. Como reliquia de amor guardaban los abuelos las cenizas de la Cruz, celosamente protegidas, envueltas en papel de estraza. Tristemente la Señorita de Triana se consumía entre llamas y las lágrimas de los primeros hermanos que pudieron asomarse al Templo.
De entre las cenizas de la Virgen renació la actual talla de la Dolorosa. Un primor de belleza que cada Viernes Santo nos recuerda la más triste jornada en el devenir de nuestra Hermandad y sobre todo la hermosura de una Virgen que se interpuso entre el fuego y su Hijo para volver a entregarle la vida.
Te marchaste Señorita de Triana sin despedirte de tus hijos. Tus lágrimas quedaron esculpidas en el alma de un Barrio que quedó embargado por la pena. Tus sonrojadas mejillas se marcharon como los claveles de Tu palio. Tus labios se cerraron tras el último beso a Tu Hijo en el madero. Nos dejaste tristes y abatidos, sin encontrar explicación alguna a tu ausencia y sin oraciones para rezarte.
Con todo mi cariño a mis hermanos del Cachorro.

sábado, 21 de noviembre de 2009

UN AÑO SIN MANOLO BARRÓN


A LA MEMORIA DE MANOLO BARRÓN


Embargado por la nostalgia, reabro las páginas de mi blog para recordar a un gran amigo, trianero y cofrade.
Quisiera dedicarle unas líneas llenas de emoción y sentimiento, pero lamentablemente me encuentro como el día: triste, nublado y apagado.
Espero que mi amigo Manolo y su familia puedan perdonarme por no encontrar en la palabra el justo homenaje a la memoria de un ser inigualable.
Hace un año que dejó de latir un corazón grande. Un buen hombre entregaba su alma a Dios. Un hombre que sentía pasión por la Semana Santa y en especial por su Hermandad de la Esperanza de Triana, cerraba los ojos para poner punto y final a la primera etapa en el devenir de sus días.
En mi corazón quedaron marcados cada palabra, cada enseñanza, cada gesto y cada sonrisa del bueno de Manolo. Me quedaré para siempre con su entusiasmo y con su voluntad de ocupar siempre un segundo plano, dejando siempre de lado el “yo” para ahondar en el corazón del semejante.
En su afán por alcanzar la justicia de las cosas, sufrió la incomprensión de algunos y el apoyo y respaldo de muchos. Desde hace un año todos, sin distinción, lloramos por su ausencia.
Por última vez coincidimos en la Capilla de los Marineros. Tardé en descubrir su presencia, al estar como siempre que miro a los ojos de la Reina de Triana, absorto y alejado de cualquier otra realidad que no fuere su rostro moreno y el calor de la pequeña mano de mi niña, que como siempre me acompañaba como inseparable cirinea.
Manolo tomaba fotografías de su Virgen Marinera, dejando de lado todo sufrimiento. En sus ojos se adivinaba un brillo especial. Un dolor que quedaba en un segundo plano ante esa certera paramedicina llamada ESPERANZA, un remedio infalible para mitigar toda dolencia inaccesible a la ciencia médica. Traté de buscar unas palabras de ánimo hacia Manolo, resultando tan imposible como innecesario. Una vez más fue él quien se adelantó para mostrar esa generosidad que le acompañó hasta el último suspiro. Nunca pensé que ese “hasta luego”, resultara ser un “hasta siempre”, aunque entiendo que toda despedida tiene su continuidad en el reencuentro. La muerte no es otra cosa que un punto y seguido hacia la vida.
Manolo nos dio la mejor lección de amor y entereza. No se derrumbó en ningún momento y como nuestro Cristo, levantó tantas veces como veces cayó víctima de sus dolencias. Nos enseñó el camino a seguir y que DIOS es la LUZ que nos ilumina y nos muestra el sendero hacia la VIDA duradera. Hasta el día que el SEÑOR nos llame a su presencia cada instante es igualmente trascendente y merece la pena ser vivido, tan importante es el principio como el fin.
“Tal vez, DIOS Mío, te fallamos tantas veces, que TÚ mismo necesitabas afecto y consuelo. Por eso llamaste al mejor de los nuestros a tu lado”. Te acordaste de quien mejor supo leer tu mensaje de amor infinito y de quien mejor supo plasmarlo en su vida. La marcha de Manolo, lejos de derrumbarnos y alejarnos de Ti, nos fortalece en nuestras creencias. Nuestra incondicional fe en tu palabra y en tu Resurrección toma mayor fuerza tras la ausencia de Manolo. Nos resulta difícil comprender que detrás de tan grande corazón no exista un alma que se eleve hacia la SANTA MORADA y se abrace al DIVINO MENTOR de nuestra existencia.
Cada día y desde entonces, sentimos sobre nosotros el aliento de Manolo. Su recuerdo nos ayuda a seguir sin desfallecer en esta lucha por superar las distintas pruebas que el SEÑOR nos pone por delante.
El mejor homenaje que podemos hacerte, querido amigo, es seguir tus enseñanzas. Abandonar ese silencio que se apropia de nuestra voz y que nos hace callar ante la injusticia, ese afán de buscar el beneficio propio sin pensar en el daño que podamos causar a los demás. Este gran edificio que llamamos Hermandad sólo puede crecer y fortalecerse con actos de generosidad como los que habitualmente nos mostraba el bueno de Manolo. La huella de su ausencia es tan alargada como los buenos recuerdos que quedaron para siempre guardados en nuestros corazones.
Hace un año que lloraron las campanas de Santa Ana y que la Esperanza de Triana te tomó entre sus brazos. Como no existe muerte sino por el olvido, valga este humilde homenaje para que tu hermosísimo legado de amor siga muy vivo entre nosotros.


sábado, 14 de noviembre de 2009

LAS CIGARRERAS, DESALOJADA: LA CIUDAD SIN MEMORIA.

LAS CIGARRERAS, DESALOJADA: LA CIUDAD SIN MEMORIA.
Cuenta la Historia, de una Ciudad sin memoria. Un hermosísimo paisaje urbano atravesado de costado a costado por un viejo río de nombre Guadalquivir. De entre todas sus torres asoma el portentoso minarete al que llaman Giralda, coronado por El Giraldillo.
Su nombre es Sevilla y dicen que es la quinta esencia del arte y la pasión.Una Ciudad impregnada de sabor y de aromas de ensueño. Sobresale sobremanera esa peculiar manera de entender las cosas.
De ese pasar del alfa a la omega, del principio al fin en un abrir y cerrar de ojos. Es la Ciudad de los contrastes, de los hirientes silencios maestrantes y de la algarabía de un público entregado al arte puro del toreo y a las notas de seda de la Música de Tejera, del dolor y sobrecogimiento cuando reza a los pies de un Crucificado a la mayor explosión de los sentidos cuando mira a los ojos de La Esperanza.
Ante el Gran Poder de Dios, Sevilla se hace oración. Su música deja paso a los silencios de la noche. Los pajarillos despertarán de mañana en una Plaza para que Sevilla retome el pulso ante su Dios que vuelve a su Templo envuelto en una nube de incienso y el repique de campanas.
Sevilla perdió su memoria, olvidó su bautizo romano, olvidó sus murallas invencibles y ese hermoso nombre: Híspalis, olvidó su pasado árabe-mudéjar y sus raíces judías. Condenó al abandono a uno de sus templos más queridos: Santa Catalina.
La Ciudad sufrió en carnes propias la cruel amnesia del olvido consentido. No existe peor olvido que la desmemoria dirigida por pensamientos vanos e innecesarios.
Sevilla olvidó aquellos inolvidables sones de Eritaña que adormecían el dolor de Cristo en su particular Calvario en el Gólgota sevillano, olvidó los sonidos de cornetas y tambores de la Policía Armada, punto de partida de un estilo ligado a nuestra Historia.
Sevilla olvidó a aquellos niños que soñaron ser músicos. Jóvenes entusiastas llamados a formar parte de una parte fundamental de la historia de la música procesional sevillana. El origen de estas bandas estuvo marcado por matices cofrades innegables y por ese punto de escape ante las distintas lacras que azotaban nuestras calles y que encontraban en los más jóvenes el caldo de cultivo propicio para extender sus amenazantes garras.
La injusta desmemoria parece olvidar a un sevillano humilde, abnegado y luchador. Un enamorado de la Semana Santa y cuya preocupación por el devenir de nuestra juventud le llevó a hacer realidad uno de los más hermosos sueños por y para Sevilla. D. Antonio González Ríos fue el gran valedor de la música de Las Cigarreras, hoy día y treinta años después, sigue luchando sin desfallecer y manteniendo la ilusión del primer día.
La Banda de cornetas y tambores de Las Cigarreras nace como refugio de nuestros jóvenes y con el tiempo como punto y seguido a la música de Policía Armada, llegando a alcanzar, con el paso de los años, la excelencia musical.
Los inicios fueron difíciles. Los ensayos tenían lugar en un entorno que en muchas ocasiones dejaba mucho que desear. La lluvia y el frío eran inseparables compañeros de unos jóvenes entusiastas, que parecían hacer abstracción de todo y centraban su pensamiento en las marchas del maestro Escámez. Unas marchas que lejos de perder actualidad, cada día recobran mayor vigor.
Pasaban los años y la banda de Las Cigarreras tomó un sello propio que marcará el devenir de un futuro próspero e ilusionante. Grandes músicos nacidos de las entrañas de esta joven formación empezaron a componer marchas de gran relieve.
La calidad de Las Cigarreras traspasó las fronteras de nuestra Ciudad. Fueron muchos los pueblos de nuestra Provincia, posteriormente ciudades de toda Andalucía y España los que demandaron la presencia de esta exquisita formación. Con el paso de los años acudieron a plasmar su música allende los mares que rodean nuestro País.
Sevilla olvidó una de las etapas más hermosas de su historia. Una carta llegaba como espada de Damocles para hurgar en las heridas de la cruel desmemoria. Un jarro de agua fría quedó derramado sobre la ilusión de los cofrades de Sevilla. Una vez más asistimos como convidados de piedra al banquete de la sinrazón deshumana.
Viejos sueños de jóvenes músicos parecían esparcirse como tinta borrosa para manchar las pulcras notas escritas sobre el pentagrama de la memoria de nuestra Ciudad. Una memoria herida en su alma. Una memoria atacada en lo más profundo de su ser.
Sólo nos quedaba rezar y aferrarnos a esos dos pilares que nos mantienen unidos en la fe y la fraternidad: el amor de DIOS y esa bendita virtud teologal llamada ESPERANZA, que tomando vida en el rostro de una mujer bajó a Sevilla para fortalecer nuestros espíritus cristianos.
Sevilla clamó al Cielo en pos de volver al camino de la justa memoria. Nuestras súplicas encontraron pronta respuesta. La hiriente carta parecía quedar como un irreconocible borrón en una de las muchas páginas que forman parte del Libro “Las Cigarreras: una Historia de treinta años de Amor a Sevilla”. Por fin la cordura volvió a imperar como lógica compañera en el devenir de nuestra Historia. Bajo ese uniforme no existen distingos sociales, culturales, políticos e incluso podría decir religiosos. Esos uniformes hacen gala de un profundo amor a Sevilla. Las Cigarreras y su música son santo y seña de la Sevilla eterna que perdura.

Las cosas parecían tornar a su camino, cuando, y sin apenas tiempo para saborear la vuelta a la normalidad, volvimos a sentir sobre nuestros labios la hiel amarga de la ingratitud y desmemoria. La decisión de nuestros regentes municipales no tenía vuelta atrás. Asistimos a unos momentos de confusión para finalmente toparnos con la triste respuesta a tantos años de amor a Sevilla.

La memoria recoge con exactitud páginas escritas de nuestro pasado. Cada línea plasma la certeza incontestable de la Historia de un Pueblo, sus virtudes y sus defectos, sus tristezas y sus alegrías, lo insólito y lo corriente, lo religioso y lo profano, lo profundo y lo superficial. Tratar de olvidar es como negarse a uno mismo, como renunciar a la herencia de nuestros antepasados.

La memoria es fiel reflejo del pasado. Nos hace recordar que fuimos niños ilusionados en la radiante tarde del Domingo de Ramos. La marcha Cristo del Amor nos abría las puertas de una nueva Semana Santa en la Plaza del Salvador. En los Terceros el Misterio de la Cena reviraba para buscar el cercano horizonte de La Campana bajo sones de Cigarreras, la curiosidad me llevó a descubrir en un pentagrama el título de una marcha bellísima y cuyo nombre “Eucaristía” era el exacto retrato de lo que por momentos podía oír, ver y sentir. Del clasicismo de la Hermandad de la Cena a la noche de mi Triana. El Cristo de las Penas besaba con sus pies descalzos el frío suelo de su Capilla, sonaba esa misma marcha que tantas veces pude escuchar a los músicos de Las Cigarreras. Réquiem por un capataz en la gloria. Un hijo de Triana que entregó su alma a los brazos de la Blanca Paloma y que cada Domingo de Ramos vuelve a Triana para abrazarse a su Virgen de la Estrella.
El Lunes Santo por la noche, Jesús Ante Caifás vuelve a su Barrio. Entre sonidos de azahares, el costal de una corneta adormece el son acompasado del redoble de un tambor penitente. Músicos y cuadrilla de costaleros unidos en una misma trabajadera hacen del sonido de unas cornetas y tambores la nana que adormece el dolor de Jesús, muy cerca de ser ajusticiado.
Martes Santo en San Lorenzo, Jesús Ante Anás camina mirando hacia su Templo. Una marcha llena de amor hacia un padre conmueve al Pueblo de Sevilla. Notas de agradecimiento del maestro Pacheco hacia su mentor. “Padre Manuel” suena perfumando la apagada noche de un Barrio que espera como anhelo a su Virgen, gracia sevillana caminando entre varales.
El Miércoles Santo Jesús es Prendido por Orfila. El portentoso Misterio de los Panaderos camina acompasado por delicias de pentagrama nacidas de la Banda de las Cigarreras. Por dos veces enmudece la Campana para percibir las suaves caricias cigarreras.
Jesús Flagelado en Los Remedios a punto está de atravesar el Puente buscando la otra orilla. “Azotes” y “Ego Sum” hablan en voz de cornetas lo que nuestro Redentor dicta en su silencio. Conmovedores sonidos en la tarde del Jueves Santo a pocas horas de abrirse el portalón de la Santa Madrugada.
La nostalgia envuelve el Arenal sevillano en el anochecer del Viernes Santo. Una vieja postal nos devuelve al camino de las añoranzas. La calle Rodo es la penúltima estación en el devenir de los pasos de la Hermandad de la Carretería. Sin lugar a dudas nos encontramos ante uno de los momentos cumbre de nuestra Semana Santa. Todo es perfecto: el respeto del público, la estrechez de la calle, el estremecedor Calvario, la dulzura de Cristo Crucificado entre ladrones, la apagada noche de Sevilla, el trasluz que proyecta el Misterio sobre la blanquecina pared y como toque de gracia una marcha excelente, sublime y sobrecogedora “A los pies de Tu Santa Cruz”. Muchos sevillanos miramos al Cielo para recordar al hombre que mejor supo armonizar los sentimientos, la fe y las ideologías: D. Adolfo Cuéllar, fiel espejo al que todos debemos mirarnos. Nos enseñó que bajo el antifaz, las trabajaderas o uniformados como músicos todos somos iguales y toda distinción queda fuera de lugar.
El Sábado Santo los músicos de Las Cigarreras asumidos por el cansancio y sin perder en ningún momento la ilusión que los acompañó desde el Domingo de Ramos, entregan toda su música para Sevilla. Su legado es el mejor colofón en la última estación en la Pasión y Muerte de Jesús según Sevilla. El palio de la Esperanza Trinitaria cerró un nuevo Sábado Santo y los jóvenes músicos de la Cigarreras comienzan el camino de los sueños que los llevará hacia un nuevo Domingo de Ramos.
Podrán desalojar a nuestros hermanos, músicos de Las Cigarreras, de éste o cualquier otro local de ensayo, pero nunca podrán desalojarlos de nuestros corazones y de las páginas de una de las más hermosas historias de amor escritas en nuestra Ciudad querida.


A mi admirado D. Antonio González Ríos por su humanidad, dedicación y entrega. Por su amor a Sevilla y a nuestra Semana Santa.

domingo, 11 de octubre de 2009

A MI PEQUEÑA MYRIAM QUE ACABA DE NACER

Te esperábamos, pequeña niña, como la Plaza de entre las plazas espera cada tarde de Jueves Santo la destemplanza de unos tambores que anuncian la llegada de la Centuria para rendir pleitesía al Señor de Sevilla.
Te esperábamos, pequeña reliquia de amor, como aquellos niños, muy cerquita de aquí, esperan a los Armaos de la Macarena para sentirse fortalecidos ante el dolor y débiles ante la fuerza del amor del Dios que los protege con celo.
Te esperábamos, pequeña rosa de nuestras vidas, como el Arco floreciente y la muralla fortalecida esperan a los inigualables ojos de la Esperanza para sentirse resguardados por su verde manto macareno.
Te esperábamos, pequeño ángel, como las entrañas de la Ciudad conmovidas esperan resucitar de entre tinieblas para presenciar el caminar sin descanso de parejas de cirios suspendidos entre naranjos cubiertos de azahar.
Te esperábamos, pequeña princesa, como esperan los ángeles dormidos de San Román la llegada del Señor de los Gitanos para asomarse a su balcón de cercano pasado y volver a sentir el moreno rostro del Manué y la gracia soleana de su Reina y filigrana que camina mecida entre varales.
Te esperábamos, hermoso anhelo, como aquel viejo balcón abierto de par en par en calle Pureza espera a la Reina de Triana llegar como siempre de mañana, cansada y con sus marías apagadas, pero sin perder esos perfiles morenos que ni soñados se pudiesen igualar.
Te esperábamos, querida niña, como los más pobres de entre los pobres esperan la visita diaria de las hijas de Santa Ángela, para recibir ternura, consuelo y amor.
Te esperábamos, sangre de nuestra sangre, como los enfermos y abandonados esperan sobre sus cabezas la fraternal caricia de los hermanos franciscanos de la Cruz Blanca para encontrar cobijo y protección en el Hospital de la Santa Caridad.
Hoy mismo hemos recibido la bendición de Dios y el calor de nuestra Madre del Cielo con la llegada de un ángel que viene a inundar nuestro hogar de felicidad.
Por fin he podido sentir el latir de un su pequeño corazón, he visto sus ojos abrirse por completo, su mirada confundida y al tiempo complaciente. Unas primeras lágrimas contagiosas, como contagiosa resultó ser esa esperada sonrisa que por fin pudimos contemplar dibujada en su carita.
Has llegado para borrar nuestra tristeza, para endulzar el amargor de nuestras muchas penas, para dar más sentido a nuestra existencia. Para acompañar a nuestra querida Sarita, tú hermana, a partir de hoy inseparable compañera.
Justo al nacer y sin pensarlo te he tomado entre mis brazos y te he mecido a manera de costero a costero para acallar tu llanto. Como salida del alma te he tarareado al oído una hermosísima melodía. Esas mismas notas que la Esperanza Macarena susurró al maestro D. Pedro Morales en la Madrugá del Viernes Santo de 1969 y que quedaron inmortalizadas en verde lienzo con aromas de la más sublime excelencia de pentagrama.
Vuelvo la vista atrás para recordar cuantas dificultades se nos presentaron en el camino para ver, por fin, cumplido este hermoso sueño. Cuanta razón tenías Gran Poder cuando me mirabas como miras cada Madrugá a los ojos de Sevilla y me dejabas claro que nada es imposible para Ti. De tus labios Macarena pude leer el más hermoso poema de amor, certeza absoluta e innegociable de esa Esperanza que nunca debe perderse. Esa misma Esperanza que germinó en nuestras vidas para ofrecernos el fruto más sincero y apetecible del amor entre esposos y compañeros.
Querida Myriam, cuantas veces te habrás preguntado ¿para qué nacer y encontrarte con una realidad tan distante de tus sueños? Pensabas que tanta belleza soñada resultaba ser imposible. Muy pronto verás a la Esperanza de Triana, que te espera en Santa Ana, conocerás la certeza de Dios enclavada en la profundidad de una mirada, la mirada de un Dios transustanciado de la madera en carne y sangre, y al que llaman Gran Poder, bajo una espadaña reconocerás la mirada de la Madre de Dios ¿soñabas con Ella, verdad?
Muy pronto te enseñaré a rezar, para que pidas a Dios por el alma de tantos niños que no llegaron a nacer, por los que se marcharon muy pronto de este Mundo, por esos padres desconsolados que los vieron marchar y por tantas personas que sufren soledad, pobreza e incomprensión.

domingo, 27 de septiembre de 2009

A PROPÓSITO DE LA SGAE: VISIÓN PARTICULAR DE UN COFRADE DE SEVILLA


Todo en esta vida es interpretable, no obstante, cuando hablamos de un tema ciertamente delicado y al tiempo con nuestras afirmaciones podamos herir susceptibilidades, debemos hacerlo siempre sutílmente, ateniéndonos al contexto específico y con conocimiento de causa.
El 99% de los autores de marchas procesionales han realizado sus composiciones sin perseguir lucro económico alguno.Su satisfacción trasciende más allá de lo material. En sus obras plasman sentimientos y unas vivencias de años. Un legado de siglos de Historia que recibieron de sus padres y en el que ellos mismos, valiéndose de su talento y de un pentagrama pasaron a formar parte.
Ellos son la única voz autorizada en este asunto. Nadie puede tomar una decisión que ni mucho menos le corresponde. Cobrar a una Hermandad o banda por una obra nacida de sus entrañas carece de sentido. Respecto a ese pensamiento de que nuestra Semana Santa se ha visto privada de grandes autores y de obras de relieve no es cierto en todos sus términos.
Indudablemente la proliferación de composiciones en estos últimos años ha conllevado la aparición de un importante número de obras de discutible calidad musical, pero no olvidemos que nuestra Semana Santa también vive del corazón y de la pasión de cada uno de los cofrades y de las distintas aportaciones que puedan hacer a la misma.
Entre tantas composiciones, el patrimonio musical cofrade de Sevilla se ha visto enriquecido por obras de gran calidad. Serían innumerables las composiciones que podría citar en este momento y que están en mente de todos, no voy a hacerlo porque seguro que obviaría a otras de igual o mayor brillantez. La calidad de una obra se cuantifica por su permanencia en el tiempo, encontramos excepciones significativas en marchas que incomprensiblemente quedaron olvidadas y que hoy día retoman su lugar con el brillo de antaño.
Estoy completamente de acuerdo con el Derecho que cada Autor tiene sobre su obra. Vuelvo a remarcar “Derecho”, que nunca imposición. Entendería perfectamente que un autor hiciese valer sus derechos frente a una Hermandad, del mismo modo que entendería a la Hermandad por renunciar a estas marchas o por corresponder al Autor con una cantidad para que éstas puedan ser interpretadas.
La opinión del Sr. Director de la SGAE es totalmente respetable. Es su deber defender los derechos de los afiliados a la sociedad que representa, pero entiendo que cada Autor es libre de ejercer sus derechos en uno u otro sentido. En otro orden de lugar, quiero manifestar que ciertas argumentaciones esgrimidas no reflejan fielmente la realidad del panorama musical cofrade de Sevilla, enriquecido por la obra de compositores de renombre, pero no olvidemos nunca que otras tantas composiciones nacieron de autores ciertamente desconocidos y que desde un segundo plano nos deslumbraron con antológicas composiciones que perdurarán en la Memoria de Sevilla y de su Semana Santa.
Respecto a que los autores no son valorados por su obra, creo que es una afirmación un tanto discutible. No hay mayor satisfacción para un compositor que ver a miles de personas asumidas en profunda emoción, embargadas por unas notas que nacieron de su propio puño, de un puño que seguía fielmente los dictados de un corazón enamorado de los ojos de una Dolorosa de Sevilla, sobrecogido por su Dolor de Madre, comprensivo ante el silencio de un Ecce Hommo asumido por la incomprensión despiadada de sus captores, endulzando la serena zancada de un Nazareno o revistiendo de negro luto las tinieblas de la noche bajo la apagada mirada de un Crucificado elevado sobre un Monte de rojos claveles.
A mis amigos compositores y músicos con cariño y admiración.

domingo, 6 de septiembre de 2009

QUE DIOS OS DÉ SEGURA ESCOLTA


En estos días de especial tristeza vuelven a mi memoria recuerdos de mi niñez que me acercaban a la cruda realidad del terrorismo. Cada vez que veía las imágenes del sufrimiento de unos padres, hijos, mujeres, amigos, compañeros y los restos de la barbarie, el corazón me daba un vuelco que tomaba forma en mi joven semblante, que por momentos quedaba inundado por un mar de lágrimas.
Aquellas fotografías de guardias civiles que acaban de perder la vida en manos asesinas me hacían estremecer. Trataba, inútilmente, de encontrar respuestas a la sinrazón deshumana. No entendía que nadie pudiese odiar a quienes a diario se jugaban la vida por nuestra seguridad.
Eran muchas las preguntas y pocas o ninguna las respuestas.A día de hoy y a pesar de haber transcurrido más de treinta años vuelvo a sentir lo mismo. Sigo sin encontrar respuesta a la barbarie. Mis ojos vuelven a enrojecerse y el corazón a latir a tal celeridad que incluso parece salirse del pecho.
Cada día valoro más a quienes generosamente juran honor y fidelidad a la Guardia Civil y a la Patria, a quienes ponen en peligro su integridad por asegurar la de los demás.Difícilmente voy a encontrar palabras para mostrar el dolor, la indignación y la impotencia por estos últimos actos terroristas.
Tan difícil para mí como encontrar palabras justas de agradecimiento hacia nuestros hermanos guardia civiles que nos muestran con su humanidad y coraje que seguir luchando por la paz tiene sentido y que sus compañeros no perdieron la vida inútilmente. Su muerte ha fortalecido nuestra unidad y nuestro deseo común de libertad.
Los ciudadanos somos un grito unánime contra el terrorismo que ni el uso traicionero de las armas podrá silenciar.Lleguen desde aquí mi respeto, consideración y cariño a la GUARDIA CIVIL.
Estoy muy orgulloso de su labor y me siento realmente privilegiado de contar con la amistad de muchos componentes del Cuerpo. Me han demostrado con su cariño y amistad que merecen muy mucho la pena, han sabido estar en los momentos difíciles y han sabido valorar lo poco que han podido recibir a cambio.
Con mis queridos amigos guardias civiles tengo la dicha de compartir este gran sentimiento fundamentado en la devoción hacia el mismo DIOS que los protege celosamente del mal. En estos últimos meses hemos compartido vivencias cofrades que nunca olvidaré.
Estos hombres y mujeres que acompañan a las Imágenes de su devoción dándoles escolta durante la Estación de Penitencia no son personajes ajenos y distantes de nuestros cortejos, bajo sus uniformes existen sentimientos profundos y sinceros que en ningún momento resultan ser incompatibles con ese deber de protección y custodia que durante tantos años han sabido llevar a gala.
Quiero recuperar un pequeño homenaje que pude dedicarles esta pasada Cuaresma. Ahora más que nunca necesitan de la escolta segura del DIOS que aman con todas sus fuerzas y del Manto protector de su Madre.
“Señor de Sevilla, ayúdalos en su tarea diaria de amor a la Patria; fortalece sus nobles corazones; coloca tus manos, esas que mueven el Mundo, sobre sus hombros para que nunca decaigan en el esfuerzo; aparta de ellos a los enemigos de Dios y de España, que sólo conocen del uso traicionero de las armas y muéstrales el camino hacia La luz de tu Rostro”.
“Dios de Sevilla, acoge en tu Gloria a los Guardias Civiles que durmieron en paz con los hombres y contigo Padre Bendito, dales descanso eterno y que Tus Arcángeles los acompañen, dándoles ESCOLTA segura, hacia Tu Santa Morada”.
“Hermanos caídos, la muerte no es el final del camino, vuestra esperanza os llevará a la Luz de Dios y con ella al Triunfo Glorioso de la Resurrección”.
“Queridos hermanos, que la Virgen del Pilar, vuestra Patrona, extienda sobre vosotros su manto protector y os colme de bendiciones”.

sábado, 13 de junio de 2009

UN SUEÑO DE VEINTICINCO AÑOS


UN SUEÑO DE VEINTICINCO AÑOS


Esta misma noche La Esperanza vuelve a la casa de su Madre, tras pasear durante catorce horas por las calles de Sevilla y retornar a la Capilla de los Marineros. Esta noche viviremos un acto muy distinto al del pasado sábado. De la más hermosa manifestación de júbilo vivida durante años en nuestra Ciudad pasaremos al recogimiento y a la intimidad devocional de los cofrades junto a su Madre.
Triana y por extensión Sevilla saben exteriorizar sus sentimientos según el momento y según el contexto. Los fieles que a diario bebemos de esa fuente inagotable de Esperanza encontramos en Ella una luz intensa que nos devuelve al camino de los sueños.
En catorce intensas horas hemos visto pasar por delante de nosotros veinticinco años de nuestras vidas. Hemos sido embargados por una sucesión de recuerdos, añoranzas y por esa justa memoria que mantiene muy vivos a quienes nos acompañaron en tan trascendental momento de la Historia de nuestra Hermandad y que hoy día gozan de la cercana presencia de nuestra Madre de la Esperanza.
Al igual que ocurrió hace cinco lustros volvió a llover sobre Sevilla. Sobre el verde tapiz que comenzaba a cubrir las calles de una Ciudad expectante e ilusionada, empezaron a caer las lágrimas de nuestros hermanos que vivieron en el amor de la Virgen y que iniciaron el camino de esa eterna chicotá que nos llevará a todos junto a la Reina de los Cielos. Volvieron a verla como la pudieron ver en el pasado. La contemplaron asomados a ese balcón de la Gloria al que todos llegaremos cuando las barcas de nuestras vidas echen anclas en el Puerto por Dios prometido.
Muy despacio caminaba la Esperanza de Triana. La fuerza de los corazones impedía a la Señora avanzar a mayor celeridad. Sevilla entera arropó a su Virgen trianera. Sevilla se hizo Triana y Triana que no pudo aguantar la larga espera cruzó el Puente para no perderse ni un solo minuto junto a la Señora.
El Puente de los Sueños, que cada Madrugá entre un mar de rezos, lleva a la Esperanza de Triana hacia Sevilla, por momentos recobraba el esplendor de la noche más señalada.
La Catedral de Sevilla abrió sus puertas a la Esperanza, la Giralda secaba las lágrimas aterciopeladas que resbalaban por sus paredes y ventanas. Lágrimas amargas que repicaban a despedida. Sonaba la marcha para una Reina hace veinticinco años Coronada. El Mayor Templo de Sevilla sobrecogido lanzó al viento el son de sus campanas y un grito brotó de las entrañas de sus piedras milenarias “adiós Madre Mía, no tardes que te espero despierta hasta la próxima Madrugada”.
La Virgen reviró hacia el mismo lugar en el que cada Madrugá de Viernes Santo la Madre y Reina de los sueños macarenos inicia el camino de regreso hacia su Templo, Barrio y Cielo. La sabiduría de Sevilla vuelve a reencontrar a dos esperanzas, a dos sueños, a dos ilusiones, a dos realidades, a dos bellezas de inigualable parangón. Permanecen en el aire redobles destemplados de Centuria, lejanos ecos de Coronación y la imborrable huella de esa Esperanza que no termina de pasar por nuestras vidas, somos nosotros y no ELLA quienes pasamos por su vera.
Se abrió la mar silenciosa, una suave brisa de bonanza acarició la suave tez morena de la Virgen Marinera y Sevilla entera se hizo ceramista y alfarera.
“Dime Madre Mía, si estoy soñando o si estoy despierto”. “Si estoy soñando déjame dormir mi sueño junto a Ti y si estoy despierto quédate a mi lado y no pases de largo para que no muera de pena”.“Aquí me tienes Esperanza de nuevo, veinticinco años han pasado y como verás a penas he variado, Tú en cambio no sólo permaneces sino que mil veces más hermosa te apareces”.
Llega la Virgen a Plaza Nueva y en el Cielo se dibuja un reflejo de Madrugá. Esa misma Luna del Parasceve que reinó en la noche eterna de Sevilla se hace ver entre las nubes que terminaron por desaparecer para dar lugar a un firmamento totalmente despejado. Por decenas de miles se contaban los fieles que arroparon a la Señora hasta que su verde manto se perdía buscando el cercano Templo Franciscano de San Buenaventura.
Por Zaragoza avanzaba la Virgen en interminables e imperceptibles chicotás, hasta que por fin el palio reviró y la Reina de Triana plantó sus ojos en el horizonte de su Barrio.La Esperanza de Triana llegó a su Barrio, tras traspasar un Puente inundado de promesas y sueños. La Capillita del Carmen volvió a ser el alfa del encuentro con su Virgen y la omega en la despedida de Sevilla.
Durante una intensa mañana se vivieron imágenes irrepetibles que quedarán para siempre guardadas a buen recaudo en nuestros corazones. El Altozano la esperaba despierto para mostrarle el camino hacia San Jorge que rezaba orgulloso “hasta aquí llegó la Reina de Triana”.
Tras un mínimo respiro, se obró el milagro por Antillano Campos. Parecía imposible que el palio y la Reina de Triana traspasaran la estrechez de una calle inverosímil para su paso. Pasó la Virgen y las flores de las esquinas de su palio acariciaron las paredes cercanas, los varales sortearon los balcones, sobrecogidos estaban los corazones, las miradas tornaban hacia un capataz seguro de su cuadrilla.
Llegaba la Virgen a la Cava de los Civiles, una Cava trianera muy cercana a su Mirada y que cada mañana de Viernes Santo anhelante quedaba de besar los pies de la Señora en sus sueños más amada.
Lágrimas en la Capilla de la Estrella por el reencuentro de la Luz y Guía de entre tinieblas y la belleza desbordante que no necesitó nunca ni de palio, ni de flores para dejarnos sin palabras.
Esperaba Santa Ana despierta, tras una noche de desvelos. El corazón le volvía al pecho y a su nieto al oído susurraba “aquí la tienes de nuevo”. Se marchó una tarde soleada y vuelve de mañana, como siempre que sale de su Casa de Pureza para enamorar a Sevilla. Por tres veces el silencio se hizo voz para llamarla "guapa, guapa y guapa".
La Calle Larga de Triana, entre lágrimas y plegarias, recibía a la Esperanza. La interminable espera acabó en una atronadora salve de aplausos justo en el momento en el que la Capilla de los Marineros recibía a la Reina de Triana. Se acababa un sueño de veinticinco años resumido en catorce maravillosas horas de Sevilla y de Triana con su Esperanza.
Mi agradecimiento a Vicente Acosta, Adolfo Vela y al resto de hermanos que hicieron posible estos dos hermosos sueños junto a la Esperanza.

sábado, 6 de junio de 2009

MARTA DEL CASTILLO, NUNCA TE OLVIDAREMOS


MARTA DEL CASTILLO, NUNCA TE OLVIDAREMOS



Cada día que pasa van llegando noticias, que no hacen otra cosa que aumentar el dolor de unos padres hundidos en la desesperación.


Sólo les queda una habitación vacía, el recuerdo de su anhelado ángel y la esperanza de reencontrarse con su niña, para darle un último beso, y que, por fin, su cuerpo pueda recibir cristiana sepultura.


Una triste noche Sevilla entera quedó atravesada por el más cruel y desgarrante puñal. Desde entonces, la memoria de nuestra Ciudad quedó marcada por el horror y la barbarie.


Ni nada ni nadie podrá devolver la sonrisa de su hija a sus angustiados padres, ni liberará a los culpables de las ataduras de su miseria, pero por Dios, pedimos que pare de una vez la sinrazón. Son muchas las lágrimas derramadas y es hora de encontrar un mínimo atisbo de luz ante tanta oscuridad.


“Dios Mío, Tú que sabes la verdad y que eres el más justo juez de nuestros actos, muéstrale a los verdugos de esta inocente niña el sendero de la verdad, para que sus padres puedan encontrar cierta paz en sus rotos corazones y tengan la posibilidad de acompañar con amor a Marta en su último viaje por la Sevilla de su alma”.


Sevilla, entera se ha unido en una causa común. El dolor de los padres de Marta es nuestro dolor, su angustia la nuestra propia, su desesperación es la nuestra y su esperanza es la bandera que nos une.


Todos estamos unidos ante la tragedia y haremos frente común para aliviar el dolor de una familia que sufre el peor castigo. Lucharemos porque no vuelva a repetirse nunca más en la vida.
Nuestra querida Marta adelantó su último viaje en el tiempo como consecuencia de la mayor injusticia que en muchos años se cometió en nuestra amada Ciudad, ahora manchada de sangre.


Marta vivirá para siempre en la justa memoria de Sevilla, nuestro cariño y su recuerdo alimentarán su espíritu. Nuestra Sevilla retomará su rumbo, caminando de frente, pero nunca perderá de vista el azul Cielo que la cobija y seguirá buscando en una lejana estrella la sonrisa de su niña dormida.


En el día de ayer vivimos fuertes emociones en la PLAZA NUEVA. Mil sevillanos nos reunimos para arropar a los padres, demás familiares y amigos de Marta. Todos fuimos una misma voz, un mismo grito por la justicia.


Los padres de Marta, su abuelo, tío, resto de familiares y amigos, invadidos por el dolor y con la mirada casi perdida en busca de una respuesta, una respuesta imposible, sacaron fuerzas de no sabemos donde, para darnos la más hermosa lección de amor de la que, a seguro seremos testigos en nuestras vidas.


Sin lugar a dudas la fuerza, les llegó de Marta. Hasta hace pocos meses cuidaron de su niña, como ahora es ella misma quien cuida de ellos, es su ángel protector y custodio.


Esas palabras deben servirnos a todos para mantener viva la memoria de Marta y para que nunca lleguemos a desfallecer en esta justa causa llamada Marta del Castillo.


Desgarradoras palabras de una madre que únicamente pedía volver a tener entre sus brazos el cuerpo de su niña y de un padre que clamaba porque nunca más otros padres tuviesen que sufrir lo mismo que él y su familia están padeciendo en carnes propias.


No debemos olvidar nunca que todos somos Marta del Castillo y que nadie está libre de sufrir un drama parecido al suyo. Todos unidos debemos luchar porque la impunidad no acabe con la libertad de nuestros hijos.


Esta noche Sevilla entera saldrá a la calle para sentir de cerca a esa Esperanza que tanto deseamos para la familia de Marta. En los ojos de tu Virgen Morena, querida Marta, volveremos a ver tus ojos de niña. Como tu Virgen de Triana, tú nunca terminarás de pasar por nuestras vidas.


Pasará la Esperanza de Triana por las calles de Sevilla, sobre su cabeza llevará una Corona como señal del amor eternamente jurado por una Ciudad hacia Ella y clavado en el pecho un puñal, en el que irán esculpidas cinco letras, esas mismas que llevas por nombre: MARTA.

miércoles, 3 de junio de 2009

A LA MEMORIA DEL MAESTRO CARLOS SCHLATTER


Muy vivos los ecos de un domingo grande para Triana y para Sevilla junto a la Esperanza, asistimos con enorme tristeza al fallecimiento de un gran cofrade.
El maestro Carlos Schlatter nos abandona para vivir la merecida Gloria junto al gran protagonista de su cristiana vida.
Con D. Carlos se marchan parte de los sueños de muchos cofrades que crecimos enamorados de esa manera tan especial de pregonar la Semana Grande de Sevilla.
El encanto de la radio alcanzó su punto álgido en la voz de grandes cofrades que hicieron del buen gusto razón de vida.
El programa “SAETA” nació de las entrañas de la desaparecida RADIO VIDA y con el paso de los años llegó a convertirse en un canto a la Semana Santa eterna y duradera, a la Semana Santa del sentimiento y de la pasión, a la Semana Santa que es fiel a sus raíces, a la Semana Santa profunda y misteriosa.
Cinco voces daban vida a “SAETA”, programa decano de la radio cofrade sevillana. Un gran equipo, capitaneado por Carlos Schlatter y que contaba con la estelar participación de José Manuel del Castillo, Chano Amador, Aquilino Duque y Manolo Toro. Cada semana nos acercaban a la actualidad de nuestras hermandades y cofradías, recuperaba viejos pasajes de una historia de siglos y nos hacía soñar con una Semana Santa que se acercaba paso a paso a nuestras vidas.
Una antiquísima saeta hacía de pórtico al Programa que alzaba su Cruz de desbordante amor por Sevilla y por su Fiesta por Excelencia. La voz tomaba protagonismo y nuestros hogares se transformaban en improvisada Carrera Oficial. SAETA nos transportaba a la Sevilla clásica, a la Sevilla de la justa medida y del buen gusto, a esa Sevilla inmutable al paso de los años.“SAETA”, sin lugar a dudas, ha sido, es y será el gran referente de la radio de temática cofrade y el más fiel espejo, donde no han dudado en mirarse grandes comunicadores y cofrades de nuestra Ciudad.
“SAETA”, guarda silencio desde hace años en el dial radiofónico. No obstante, esa radio sigue estando muy viva en las agradecidas ondas de nuestros corazones y una Saeta penetrante sigue traspasando nuestros recuerdos y añoranzas.
Silencio pueblo cristiano, acaba de marcharse uno de los nuestros, uno de esos sevillanos que con su esfuerzo y en la lejanía de todo protagonismo han dignificado el mundo de la comunicación y sobre todo nos ha mostrado su lado más humano.
La desaparición de "SAETA" resultó ser un duro golpe para los muchos cofrades que nos considerábamos parte del Programa.
Estoy seguro que D. Carlos seguirá hablando de cofradías en ese lugar que Dios reservó a los grandes amantes de nuestra Semana Santa.
Hace unas semanas y asumidos en la tristeza por la ausencia de un amigo común que se nos marchó muy pronto de nuestras vidas, pude recordar con Chano Amador los grandes momentos del Programa "SAETA". Siempre recuerdo con su hijo Sebas aquel inigualable texto de nuestro querido Padre Ramón Cue Romano dedicado a la Esperanza Macarena y a la niña triste y enferma de la calle de la Feria. Chano, como siempre, remató los versos del Padre Cue con su selecto e inigualable toque de ironía.
Los sonidos del inconfundible estilo de Policía Armada ponían punto y seguido en cada sección del Programa. Recuerdos de memorables pregones, añoranzas, pinceladas poéticas, esencias musicales, se dice.... y por supuesto cierto toque de ironía, conformaban esta inconmensurable sinfonía de sensaciones impregnadas de romanticismo.
Estoy en la certeza de que nuestro añorado Carlos Schlatter estará muy cerca del Gran Poder de Dios y mirando a los ojos de su Madre. En su vida fue pregonero de amor y de generosidad, en su marcha nos deja asumidos en la tristeza y en la vacía soledad de la voz profunda que se apagó para siempre.
Como los buenos hombres que amaron al Señor y que predicaron en vida con su ejemplo, en su muerte encontrará la paz prometida por el que TODO lo PUEDE, por el que alarga la zancanda de desbordante AMOR en los surcos de nuestros corazones y por el que nos espera en la otra orilla del MAR de nuestras vidas para premiarnos con el descanso eterno junto a Él.
En estos momentos de dolor me llegan a la memoria las palabras de un gran cofrade y pregonero de Sevilla, José Sánchez Dubé, cuando al pregonar a la Semana Santa de Sevilla exaltó a su Virgen de la Estrella. Ese mismo nudo en el pecho que le producía, al que llevase con acierto y bondad los destinos de mi Hermandad de la Calle San Jacinto al hablar de la Virgen de la Estrella, es el que puedo sentir en estos momentos por la marcha del maestro.
Descanse en paz querido cofrade de Sevilla y que Dios le bendiga.
Con todo mi cariño a quien bien nos enseñó a valorar la bendita herencia de siglos que toma vida cada primavera en la Ciudad elegida por Dios, a sus familiares, a sus amigos, a quienes participaron de su proyecto de radio cofrade y a quienes siguen manteniendo muy viva la luz de su recuerdo.

No muere la persona sino por el olvido, en el recuerdo permanece el amigo que se marchó de nuestro lado. Su memoria, querido y admirado maestro, permanecerá para siempre muy viva en nuestros corazones.


domingo, 26 de abril de 2009

SEÑOR ¿POR QUÉ TE HE ABANDONADO?


SEÑOR, ¿POR QUÉ TE HE ABANDONADO?


Señor, te pido que me liberes de las cadenas que me aprisionan y que me alejaron de Ti.



Esta Madrugá te abandoné, te dejé solo en la noche fría de Sevilla. Sentía sobre mí, esas mismas espinas que llevas clavadas sobre tu rostro, mis hombros quedaron vencidos por el mismo peso de la Cruz que cargas por nuestras culpas, mis piernas temblorosas a penas me permitían dar un paso y mis ganas de volver a verte perecieron ante las llamas del dolor y de ese miedo a derrumbarme ante la Silueta inquebrantable del que alarga la zancada en la noche de los misterios ocultos de Sevilla.



Me quedé en la soledad de mi lecho velando por el sueño de mi niña, que a punto estaba de despertar para vestir, por fin, esa túnica morada que tanto anhelaba. Su sueño fue real la mañana del Viernes Santo muy cerquita de la vieja Cárcel del Pópulo. Como aquel preso que trataba de alcanzar a la Esperanza desde los barrotes de su celda, yo traté de alcanzarte, Dios Mío, y no pude.



Mi dicha quedó rota por la mitad. La ilusión de esos ojos brillantes de mi pequeño ángel regalando estampitas del Cristo de las Tres Caídas y de su Madre de la Esperanza no llegó a mitigar el remordimiento y el sentimiento de culpabilidad que me embargaban por mi desplante hacia quien me fortalece con su bondad sin límites.



Este año me llamaste más que nunca, acudí a visitarte con frecuencia. Era, sin duda alguna, una señal cierta de que esta Madrugá no estaría, como siempre y sin falta, acompañándote en Tu anual reencuentro con el Gólgota sevillano.



Esta Madrugá, Señor te abandoné, como te abandonaron tus discípulos amados. Ellos dudaron de Ti, necesitaron ver parar creer que Tu Muerte fue efímera y fruto cierto de salvación. Padre Mío, sabes bien que no necesito verte cada día para creer en Ti, pero como Hijo necesito postrarme ante Ti y encontrar respuesta a mis dudas existenciales en esos ojos cargados de siglos y de certezas.



Recordé aquel momento inolvidable que juré las reglas de la Hermandad del Gran Poder de Dios y del Traspaso de María. Recordé esas lágrimas que tibiamente asomaban por mis ojos enrojecidos, no olvidé la complicidad de las miradas de los fieles con el Dios de San Lorenzo. Dos besos que quedarán a buen recaudo para siempre en mi memoria. Un acto de juramento que formalizaba una duradera relación de amor y que me unía formalmente con el Señor de Sevilla y su Bendita Madre Azucena de San Lorenzo.



Un gran amigo, hermano en el Señor, sabedor de mi ausencia portó durante toda la Madrugá esa misma medalla que él mismo me regaló con ocasión de mi jura como nuevo hermano. Rafael vistió la túnica de ruán como pareja nombrada del Señor durante muchos años y estos dos últimos siguió sus pasos cargando con una Cruz como penitencia por una súplica al Gran Poder, una súplica que encontró respuesta en la salud de un ser muy querido y que quedó restablecida gracias a la fe en el Señor.



En esa medalla encuentro la huella imborrable del paso de Dios por las calles de Sevilla. Desde entonces, todas las noches antes de dormir guardo cuatro besos: para mi mujer, mi niña, para la medalla y uno último para un retrato del Señor de Sevilla, que como tesoro, guardo junto a la cama. Espero que muy pronto sean cinco los besos. Si el Señor quiere, pronto nacerá un nuevo fruto de nuestro amor de esposos, fortalecido en el Señor y en la ilusión de nuestra pequeña niña. Será uno de esos muchos hermanos del Gran Poder que cruzarán el Puente de Triana vestidos de ruán y negro para acompañar al Señor desde la Basílica que lleva su Nombre en la Santa Madrugá de Sevilla. Dios quiere que sea de este modo y así será.



Mi corazón estaba roto en mil pedazos, era tanto el dolor, que a penas me permitía encontrar en el Señor alivio y consuelo. Me encerré en la pena y en la angustia. Como Tú Padre bueno y misericordioso, destierro de mi sufrimiento el dolor propio y mis ataduras son más fuertes cuando es cautivo del dolor uno de mis hermanos.


Entre las tinieblas de la noche, los hombres somos sombras pasajeras deslumbradas por la Luz de Tu eterna presencia. Nuestras vidas se consumen como gotas de cera y Tú permaneces inalterable, fuerte e invencible ante la dama oscura y misteriosa que nos aguarda con su guadaña traicionera para cegarnos la vida.



Sin esa verdad necesaria que trasluce en las entrañas de nuestra fe nuestras vidas serían insoportables condenas hacia el fin, nuestros días estarían contados y la muerte sería vana e innecesaria. Tú eres la razón de nuestra existencia. Eres el Mar caudaloso al que irán a vivir y no morir nuestros cuerpos friamente entregados al rigor de la muerte. No existe mayor miseria para el hombre que sentir la muerte como la última meta, un viaje hacia la nada y hacia la desaparición del cuerpo carente de alma.



Te abandoné Dios Mío, Tú en cambio no me olvidaste y te has acercado tanto a mí que puedo percibir tu aliento, que siento muy cercano el calor de tu pecho y que casi puedo acariciarte. Vuelvo a oír la voz de tu silencio y a sentirme herido por tanto amor esparcido.


Gran Poder, no soy digno de Ti, es tanto lo que me das y tan poco lo que me pides a cambio, que llego a avergonzarme.



Esta Madrugá no pude verte caminar por Sevilla, me perdí el movimiento de Tu túnica morada acariciada por la brisa de la noche, no pude perderme en la lejanía de tu poderosa zancada, buscar tu mirada profunda en el horizonte destemplado de los rezos que te acompañaron en cada lugar de tu camino, aliviarte en el esfuerzo sobrehumano al cargar con el peso de la Cruz, mitigar el dolor por las espinas que se clavaron en tu cabeza, leer el mensaje de tus labios y lanzar un beso hacia Tú Sagrado Talón desgastado por tantos sevillanos sedientos de tu Amor.



No existe más dura Estación de Penitencia que estar lejos de Dios en la Santa Madrugá. En mi pecado, Dios Mío, está mi mayor penitencia. Pueden parecer muchos los días que quedan para que vuelva a acompañarte, queda mucho por vivir, el sueño parece lejano e inalcanzable, me atrevería a decirte Gran Poder, que queda muy poco tiempo. Por Ti, Dios Mío, podría esperar hasta el día que me llames a iniciar la Última Estación de penitencia, ese camino hacia Ti que nada ni nadie podrá detener.

viernes, 24 de abril de 2009

LA MEMORIA DE LA CIUDAD


LA MEMORIA DE LA CIUDAD



Una nueva Semana Santa pasó por delante de nuestras vidas. Quedamos embargados por una doble sensación, por un sentimiento agridulce. Vivimos grandes momentos que quedarán a buen recaudo en esa habitación de nuestras memorias que reservamos para guardar todo lo bueno que nos llevaremos de esta vida. En otro orden quedamos embargados por la tristeza al percibir que la Semana Grande se marchó a gran celeridad. Cada jornada pasó inexorablemente por delante de nosotros, sin darnos tregua en esa lucha por mantenerla con vida.
Día a día el sueño fue tan cierto como efímero, llegaron el Domingo de Resurrección y esas notas amargas que sonaban a despedida. Para algunos no son sino el preludio de una cuenta atrás que nos llevará a esas primeras túnicas blancas que inundarán las calles del Porvenir el próximo Domingo de Ramos. Ha sido una Semana Santa completa, vivida con pasión, concentramos todos nuestros sentidos en ella, nos entregamos dándolo todo, tratamos de saborear cada instante, no perdimos de vista el mínimo detalle.
La realidad del día después nos llevó a lo rutinario, nos hizo caer en el abismo de la soledad y de las ausencias. El desánimo pasó a ser nuestro compañero inseparable en este largo viaje de la espera. Un año más vivimos en carnes propias un mismo ritual, en un mismo escenario y un mismo Fin. La Semana Santa volvió fiel a la cita y al reclamo de la Luna del Parasceve, esa misma Luna que contempló silenciosa la Muerte del Hijo del Hombre hace más de dos mil años y que vuelve a asomarse a un balcón azul para contemplar a ese mismo DIOS reviviendo la escenas de su Pasión y Muerte.
Sevilla extendió sobre sus calles, avenidas y plazas una amplia roja alfombra forjada por el amor de un pueblo que soñó todo un año para despertar a la más agradable realidad. Sevilla es como un viejo museo en el olvido, que recobra su esplendor por una semana y que queda envuelto por los maravillosos lienzos pasionales que se plasman misteriosamente en sus paredes como pintados por ángeles.
Cada Semana Santa supone un cúmulo de nuevas vivencias y de recuerdos que nos acercan todavía más a ese desbordante idilio amoroso que nos ata con fuerzas a sus entrañas, a su misterio y a esa gran verdad que reluce en el trasfondo de su ser. La Semana Santa de Sevilla es la memoria de nuestra Ciudad. Labramos nuestra Historia bebiendo de sus inagotables fuentes. Sevilla es la Ciudad del encuentro entre culturas y esencialmente es la Ciudad de los contrastes, de ese constante cambio de tercio, de llorar y de reír al mismo tiempo, de no saber si iniciamos el camino o si alcanzamos ya la meta, de túnicas de terciopelo y capa y túnicas de ruán y negro, de pasodobles maestrantes y de esos silencios que te penetran hasta llegar al alma.
Sevilla es sueño y realidad al mismo tiempo. Sevilla es fantasía, llanto y alegría. Sevilla es un trocito de Cielo acariciado por el Sol, que tiene corazón y alma, bañado de costado a costado por el viejo Guadalquivir y coronado por la Giralda, su Torre más alta, guardiana y centinela de sus sueños. La Semana Santa de Sevilla se engendró como el más vivo reflejo de esos mismos contrastes, de esa continua convergencia entre el alfa y la omega, entre lo finito y lo infinito, entre el dolor y el júbilo.
Cada vez que buscamos en los recónditos habitáculos de nuestras memorias para reencontrarnos con nuestro más anhelado pasado, descubrimos cada imagen, símbolo o motivo vivido alrededor de esta Semana única e irrepetible. Nuestra primera túnica de nazareno, el primer Domingo de Ramos, aquella tarde lluviosa en la que no pudimos acompañar a nuestra Hermandad, nuestro niño vestido de monaguillo, las túnicas de nuestros padres y hermanos la noche anterior a la Estación Penitencial, la vuelta al Barrio de nuestros abuelos para continuar con la más hermosa tradición, la mirada a los ojos de nuestra Virgen en los que encontramos a nuestra abuela que se marchó a vivir junto a Ella, el recuerdo de nuestros amigos que iniciaron el camino de su Última Estación hacia la Santa Morada y un sin fin de legados de la memoria que permanecerán intactos hasta el día que nosotros mismos empecemos a formar parte de ella.
Son tantas las vivencias, que sería un imposible poder alcanzar a todas, pero sin duda alguna, son nuestro gran referente del pasado. Cada calle, plaza o avenida de Sevilla que goza del privilegio de formar parte del itinerario de cada cofradía, para nosotros, supone una pequeña reliquia de recuerdos y sentimientos. La cera que queda como huella irrefutable del paso de una cofradía o el incienso que quedó suspendido en el aire y que seguimos percibiendo al llegar a ese lugar íntimo de nuestro encuentro anual con Dios y su Madre en las calles de nuestra Ciudad son esa imborrable memoria que mantiene viva la llama de este fuego de pasiones y amores soñados y encontrados.
No sería justa la memoria, si olvidase a quienes entregaron lo mejor que llevaban dentro para crear los cimientos de este grandioso monumento a la justa medida y a la Divinidad de Dios, que toma vida en las calles de Sevilla, de quienes continuaron esta labor de siglos y de quienes en el presente siguen siendo verdaderos testigos de amor y generosidad.
Si en el dolor de Dios en la Cruz no encontramos la mirada de nuestros hermanos que sufren, si en la dulzura de un Nazareno no vemos reflejada la ternura de nuestros seres queridos que se nos adelantaron en el último viaje, si en la Resurrección de Cristo no vemos ese pilar fundamental que solidifica nuestra fe y si en el llanto de una Dolorosa no vemos la angustia de la madre que pierde a su hijo, nuestra Semana Santa sería pura apariencia y un hermoso espectáculo carente de significado, se vería desposeída de corazón y alma.
Sevillanos en la distancia, enfermos presos en la celda de una cama, ancianitos sin fuerzas para dar ese último paso que los acerque a vivir este gran sueño y quienes asumidos por el dolor de una irreparable pérdida no tuvieron el valor o las fuerzas necesarias para salir a reencontrarse con su pasado, esta Semana Santa pudieron sentir sobre sus piernas el mismo cansancio que quienes pudieron disfrutar de todas las cofradías en la calle. Fueron parte de la bulla, del codo con codo, tuvieron a Dios y a su Madre muy cerquita de ellos y todo fue posible por el esfuerzo de personas como José Antonio Rodríguez Benítez, a pesar de su juventud, un gran ejemplo para todos nosotros.
A José Antonio Rodríguez Benítez