viernes, 1 de agosto de 2008

Negra Noche de Lunes Santo en Sevilla


El Cielo de Sevilla vestía traje oscuro de noche estrellada, la Luna quedaba prendada ante el encanto de una Ciudad de belleza incomparable. Cuantos sueños compartidos caminando solitarios por plazas, rincones y callejuelas, cuanta nostalgia y cuantos besos robados en un banco de una plaza junto a una fuente de fresca agua. Cuantos encuentros y desencuentros, cuanto misterio y certeza en la profundidad de una mirada. La Luna muy cercana a su plenitud en el cercano Parasceve que llegaría a plasmarse en el horizonte de esa noche mágica donde la Muerte es el más fiel canto a la Vida. En esa noche el cielo oscurecerá por completo cegado por la Luz de ese otro Cielo morada del Padre Eterno. La Luna orgullosa no entendía encontrar rival en el firmamento que acercarse a su belleza pudiera, hasta que apareciste tú, noche oculta e íntima de Sevilla. Con tus encantos de primavera la hiciste cautiva de tu hermosura y hasta arrodillarse a tus pies de princesa.

Noche de Lunes Santo en Alfonso XII, el Museo, Cuna, Virgen de los Buenos Libros, Baños, Plaza de la Gavidia, Placentines, Plaza Duque de la Victoria y San Vicente. Cierro los ojos y me reencuentro con la Sevilla que vivieron nuestros ancestros. Por mi imaginación discurren diversos personajes de la Sevilla inmortal, la Sevilla que se detuvo en el tiempo, la Sevilla que no acaba de morir y que cada Lunes Santo por la Noche queda inmortalizada en incomparable lienzo de negro terciopelo. No paro de soñar y presiento a caballeros trajeados rigurosamente que acompañan a sus señoras cogidas de los brazos, me los imagino con elegantes sombreros y a sus mujeres celosamente ataviadas con vestidos de complicada confección y de exquisita compostura. Me hago una composición de lugar de la Sevilla romántica y de leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer y de la Sevilla misteriosa y espiritual de Miguel de Mañara. Presiento que estoy a punto de vivir lo mismo que durante siglos pudieron contemplar otros tantos sevillanos que perviven en la justa memoria de la Ciudad.

Inicio mi encuentro con la trilogía romántica y clásica del Lunes Santo en la calle Alfonso XII. Se vislumbra por el horizonte la sinuosa silueta del Cristo de la Expiración del Museo. Cristo retorcido de dolor, tratando de sacar fuerzas de donde no existen. Una Imagen cruel de la Muerte. La idea de los últimos instantes de Cristo en la Cruz adornada de un dramatismo que va un paso más allá del barroquismo sevillano que encuentra en el Cristo del Cachorro de Triana una representación más dulce y suave. A medida que se aproxima la sagrada Imagen Expirante el pellizco de los corazones aprieta con más fuerza. Cristo trata de aferrarse a la vida. En pocos segundos el Redentor caerá vencido, ingrávido e inerte declinando la cabeza en el rigor de la Muerte. Una sola Imagen que nos describe con acierto los últimos segundos de Cristo vivo antes de alcanzar la eternidad de la Vida. El moreno torso del Cristo de la Expiración del Museo busca la Plaza del Duque en la apagada noche del Lunes Santo.

La preciosa Virgen de las Aguas abandona la Plaza del Museo y llega a Alfonso XII, un año más a los sones de la marcha Rocío. El palio neoplateresco de malla camina muy despacio, apenas avanza, un leve golpe de cintura y dulces mecidas alivian el sufrimiento de la Reina del Museo. La Virgen de las Aguas resalta por su hermosura y por ese toque único e inconfundible de la diadema de plata de ley dorada rematada por una Cruz y el especial cuidado de la blanca toca que envuelve su cara. Aromas de azahar e incienso se entremezclan con la inmediatez de la Muerte de Cristo a punto del último aliento y la vida en la Virgen representada por vital elemento. De los ojos de la Virgen podemos leer un hermoso poema de amor hacia el Hijo que busca la paz en el descanso junto al Padre Eterno. Romance de amor en el Museo, miradas que se buscan y que no terminan de encontrarse.

Detengo mis pasos en la Plaza del Salvador. In memorian dos grandes amantes de Sevilla, dos hombres que dejaron una hermosa huella, dos hombres de nombre Juan, uno que soñó con Dios y que de la tosca madera lo esculpió y otro que se entregó en cuerpo y alma para devolver a Sevilla el orgullo perdido. Atrás quedaron viejas postales de piedras heridas y los lamentos de la Sevilla profunda huérfana del esplendor de uno de sus Templos elegidos. Dios quiso que el bueno de Juan Garrido Mesa descansanse para siempre como recompensa por una obra bien acabada. Jesús de las Penas, dulce en su mirada, herido en su cuerpo y enternecedor en su gesto, Jesús vencido y victorioso, Jesús caído y Jesús que no termina de caer por completo. Sin duda alguna una de las imágenes más enternecedoras de Jesús en la Pasión según Sevilla. Jesús de las Penas cargado por una pesada Cruz que cae con todo su peso sobre el suave terciopelo de su túnica, muy lejos de derribarse en el dolor de su condena, es fuerte en su camino. La fuerza de la gravedad provoca una herida profunda en su torso malherido y su amor infinito es alivio para su propio dolor y para el ajeno. Firme camina el Señor de San Vicente, su cuerpo quebrantado y las rodillas besando su canastilla, caído va Jesús de las Penas, caído pero no vencido.

Tres pinceladas dibujan la composición perfecta en la hermosa noche de Sevilla. El Dolor profundo de la Madre con la mirada perdida hacia un horizonte infinito en gesto de rogativa y su rostro pálido por el que resbalan siete lágrimas, tantas como dolores padeció la Virgen en la Pasión de su Hijo, lágrimas que terminan por estremecernos y por invitarnos a buscar en Ella consuelo para nuestras muchas penas. Camina la Virgen bajo un palio neoplateresco rematado por una elegante crestería. Tras una rotunda y desgarrante marcha fúnebre de Chopen la Virgen se adentra por Cuna, su manto se pierde en la lejanía y en unos últimos compases de una marcha clásica interpretada por los músicos de la Banda del Maestro Tejera. Tres gotas de esencias sevillanas que se esparcen por el áurea de Sevilla: Dolores de San Vicente, majestuoso palio señorial y la exquisitez musical de Tejera.

Aligero el paso por Laraña, Plaza del Duque y Virgen de los Buenos Libros para observar el tránsito de las últimas parejas de nazarenos que siguen la estela de una Cruz impregnada por una hermosa leyenda: “Toma tu Cruz y Sígueme”, simbología del dolor, sufrimiento y abnegación y del seguimiento sin condiciones a Cristo hasta la Muerte. Muy cerca de ellos continua caminando con paso candente el Santísimo Cristo de la Veracruz sobre su recién estrenada canastilla. Del señorío y romanticismo de la Hermandad de San Vicente en a penas unos minutos pasamos a la contemplación teresiana y al misticismo en unas calles estrechas y oscuras. El pequeño Cuerpo del Santísimo Cristo de la Veracruz se confunde entre el Árbol de la Cruz, pequeñito y frágil, pero con un corazón tan grande que no existe canastilla en el Mundo que abarcarlo pudiera. Dos faroles alumbran la inminente presencia del Cristo Franciscano que avanza en la noche oscura del Lunes Santo. Cuatro hachones verdes escoltan la muy antigua Imagen de Cristo Crucificado. El Padre Seráfico de Asís protege celosamente a sus hijos de la tentación de la abundancia. La muy Humilde Hermandad prosigue en silenciosa meditación los últimos pasos de su Estación Penitencial en la noche cerrada de Sevilla.

Descansa el buen Jesús en su Capilla y a su encuentro la Virgen de las Tristezas. Un austero palio negro de cajón acoge a la Santísima Virgen. Finos perfiles se dibujan sobre el rostro de una Virgen madura que rompe hermosamente con los sevillanos cánones que nos muestran a una Virgen dulce y niña. La Dolorosa obra cumbre de Illanes nos muestra la firmeza en la asunción del Dolor por la Muerte en inigualable contraste con esa dulce manera de envejecer. La Virgen de las Tristezas camina sin descanso en pos del reencuentro. La comitiva de nazarenos de negro y un crisol de túnicas que simbolizan la confraternidad de Hermandades de Veracruz abren paso en el interior del Templo al tránsito del Santo Lignum Crucis dando sentido a una noche de tinieblas que torna a la Luz que prende del gran corazón que late bajo el pecho de un pequeño Cristo que duerme para siempre junto a sus hijos franciscanos.

La última estación de mi viaje por la noche de Sevilla me lleva a San Vicente. La soledad de una calle poco a poco es acompañada a medida que avanzan por sus entrañas parejas de ruán y negro. La luz de unos cirios encendidos nos muestra el camino hasta llegar a la Parroquia donde terminan por apagarse por completo. El maestro Pantión revive en nuestras memorias. El alumno aventajado de Turina desempolva un viejo piano y sus cansadas manos acarician el teclado para dar vida a unas notas excelsas que en perfecto compás amenizan el caminar de un Cristo arrodillado. El maestro nunca morirá mientras las notas de su inspirada creación suenen detrás de un palio sevillano. Mi imaginación me lleva a aquella apasionada Leyenda de Bécquer: Maese Pérez el Organista. Que contrasentido no señores, el órgano de Santa Inés anunciaba el nacimiento de Jesús y esta marcha describe el dolor de Cristo en una de las estaciones que lo llevarían a la Crucifixión. Del Aleluya a la Pasión en un abrir y cerrar de ojos. Al son de una música y la cadencia acompasada de alpargatas costaleras Jesús de las Penas termina su dulce martirio por las calles de Sevilla.

Lejos de romperse la noche y con ella detenerse los acelerados corazones, retoma con fuerza su camino vital. La Virgen de los Dolores regresa a San Vicente acompañada por las marchas clásicas de toda la vida interpretadas por la Banda de Tejera: Amarguras, Soleá dame La Mano, Ione, Virgen del Valle y Jesús de las Penas, junto a otras como el poema sinfónico La Madrugá de Abel Moreno, la romántica Margot de Turina y la genial obra Mater Mea. Un más vivo que nunca Pepín Tejera, maestro del buen gusto y de la justa medida, se vuelve a sus músicos para pedirles un último esfuerzo y una impresionante levantá a la voz de un capataz de corazón y bondad que duerme para despertar cada noche de Lunes Santo para mandar a su cuadrilla con un “vámonos de frente miarma” eleva el palio de la Virgen en rotunda levantá al negro Cielo de Sevilla. Lágrimas, emociones y mucho sentimiento se concentran en San Vicente. La Música de Tejera inicia las primeras notas de la Marcha Tus Dolores son mis Penas, bellísima composición fúnebre que narra el dolor inconsolable de una Madre, enternecedor relato de la pena desgarrada en la profundidad de un corazón roto y la mirada perdida de la Madre piadosa y suplicante. Los últimos lamentos de pentagrama coinciden con la entrada del palio en San Vicente, sus puertas se cierran por completo y la realidad de una noche hermosa de Sevilla regresa a la profundidad de un largo sueño.


A mi maestro y amigo Luís Javier Fernández-Palacios con cariño de su siempre agradecido Jordi de Triana.

domingo, 4 de mayo de 2008

La Pastora de Triana abrió el Balcón de las Glorias de Sevilla

La Pastora de Triana abrió el balcón de las Glorias a Sevilla. Triana y por extensión Sevilla han dictado sentencia. Las hermandades de Gloria viven un momento de esplendor y la Hermandad que venera a la hermosa flor que reside detrás justo del trascoro de la Real Parroquia de Señá Santa Ana es claro ejemplo de ello. La Hermandad trianera hace años despertó del triste sueño de la ausencia y poco a poco ha ido llenando un vacío que con el tiempo ha dado lugar a una Hermandad joven, alegre, entregada y sobre todo rebosante de vida. En el día de hoy ha escrito una de las páginas más inolvidables de su existencia.

Todo un Barrio completamente entregado ha salido a la calle para encontrarse con Ella cara a cara. Triana vistió sus mejores galas para recibir a la Virgen. La Pastora como imán de devociones y sentimientos ha ido recibiendo la presencia, siempre respetuosa y emocionada de la Sevilla Cofrade, que ha terminado arrodillándose a sus encantos. Ha escrito una página en el Libro de las Glorias, me atrevería a asegurar que nos encontramos ante un acto que puede extrapolar al maravilloso mundo de las Glorias el mismo sentido que el Vía Crucis de Sevilla a sus hermanas cofradías penitenciales.

La Virgen, refugio seguro de nuestras Almas ha enamorado a toda una Ciudad con su belleza, dulzura y los perfectos rasgos de su cara y esos ojos que a muchos recuerdan a los de la Reina Trianera de la Madrugá. Un precioso paso, un exorno floral exquisito, por la magnífica combinación de flores y por la no menos perfecta composición sobre la mesa de su paso, un precioso manto del color del Cielo, en el tapiz de la parihuela una corona como muestra de su innegable Realeza, la gracia de su sombrero y esos tirabuzones que adornan su pelo han terminado por decantar la balanza de sus encantos a una Sevilla que no dejará de soñar con Ella. No le faltó la compañía de Jesús, bendito pastorcito de sus entrañas, dando los primeros pasos al encuentro del redil de sus hijos trianeros. La reliquia de la divina Zapaterita en la delantera del paso suponía una llamada a la humildad y a la entrega por los más necesitados hijos de Sevilla.

San Jacinto recibió a la Pastora de nuestras vidas con la misma marcha que cada Domingo de Ramos despide a la Virgen que mejor conjuga el dolor de la pena con la belleza de unas formas humanas dibujadas en la divinidad de una Madre. La Virgen que eclipsa al firmamento con la luz resplandeciente que emana del estremecer de su condena en armonía con el horizonte de la belleza de su Estrella.

La Pastora de Santa Ana se paraba frente a la Capillita del Carmen a sones de Coronación, coronación por una Virgen hermosa que voló de su Convento Trianero para bendecir al Barrio de La Calzá, en ese justo momento y tras el estallido de la salve de un cohete, una paloma levantó el vuelo desde el Puente para acariciar el Cielo de Triana y emprender el viaje hacia Sevilla, ¿Serás tu Palomita de Triana?, Tu corazón vive en la Calzá, pero tu alma trianera perdurará en la eternidad de tu existencia

Reyes Católicos y San Pablo fueron punto y seguido en su recorrido. Montserrat y La Magdalena quedaron prendidas a su paso. En el aire de Castelar y Molviedro permanecían esencias de un Viernes Santo bañado de romanticismo por una delicia de Madre bajo un palio azul y las últimas notas de Saeta Cordobesa y Margot que permanecían suspendidas en el aire. Volvió a sonar Virgen de Montserrat como sonó aquella brillante noche de Sevilla. Los fieles entonaron el canto Salve Regina en honor a la Señora. La Pastora de Triana tocó con sus manos la Parroquia que tantas veces abrió sus puertas a las Hermandades de Triana para refugiarlas de la lluvia. El Cristo del Calvario dormido en el Árbol de la Cruz y su dolorosa Madre de la Presentación eran testigos de excepción a su llegada. La Virgen del Amparo, princesa de las Glorias de Sevilla recibía con emoción a su hermana trianera. Se alejó la Virgen y por unos minutos quedó cerrado el paréntesis del júbilo ante el sonido de la marcha fúnebre Quinta Angustia en honor al estremecedor Misterio que reside en la Magdalena.

En las puertas de Rioja la Virgen detuvo su paso ante el Templo Carmelita del Santo Ángel, donde esperaban el Prior de la Orden Carmelita y sus hermanos para el rezo del Ángelus.

Tras el rezo del Ángelus la Virgen reviró hacia una abarrotada Calle Tetuán que esperaba con entusiasmo a la Pastora que continuó su camino junto a la Capillita de San José, petalada en Jovellanos y el regalo de un ramo de flores por la comunidad Carmelita hermana de San José. La Pastora terminó por recorrer el último tramo de Sierpes. La Virgen llegó a la Plaza de San Francisco y a su pórtico de Corpus entremezclando aromas trianeros y sones macarenos.

A las puertas de la Catedral sones blancos de cornetas y tambores soñadores de una Verde Madrugá, tres marchas: El Desprecio de Herodes, El Manué y Madre de Dios del Rosario. A redobles de tambores reiniciaban el regreso para Triana. Y apareció La Pastora de Triana bajo un baño de Sol y multitudes. Su paseo por las calles de nuestra Ciudad terminó en la Santa Iglesia Catedral a los sones de Virgen de las Aguas.


El preludio de las Glorias fue hermoso para Sevilla.


viernes, 2 de mayo de 2008

De la Pasión a la Gloria en una Hora y Media Escrito por Esteban R. Rivas

Cuando el "Mayo Mariano" casi despunta después del paréntesis cofrade el presente mes, no quiere despedirse sin sorprendernos extraordinariamente y mezclar dos esencias en una misma mañana: el breve cortejo de incensarios con el recién cortado romero. Así ocurrió el domingo, 27 de Abril de 2008 en nuestra ciudad de Sevilla.
Dos barrios, dos devociones muy diferentes, Dos grandes, Madre e Hijo, Dos...Plaza de San Lorenzo: Una invitación a la reflexión, ¿Qué hacemos aquí? ¿Adonde vamos?, basílica triste y desolada. Calle Vázquez de Leca: Mañana de alfilererazos en las solapas, de medallas con pátina, Función en la Catedral del barrio con rocieros por doquier.

Son los minutos previos al Ángelus rociero de Triana, y no es a deshora de la madrugá, cuando el Hijo asoma por las piedras del pórtico, cual cruz redentora carga con paso firme sobre aquella plaza, vía dolorosa de Sevilla, haciendo un guiño siempre agradecido como en la “madrugá” ya hiciera, suspendido en el aire queda un ¡Hasta pronto Madre de “la Soleá”! ¡Hasta pronto querido Juan!

La multitud conforma verdaderas mareas humanas llegadas de todos sitios, miradas atónitas y expectantes ante lo que se nos viene encima ¿Por qué no decirlo? sin palcos, ni carrera oficial de aquí y de allá, de abajo y de lo alto; no es una nueva “madrugá”.

El llanto no podía faltar, aunque sea muy de mañana su Mayor Dolor está ahí sin la sacra conversación con el Discípulo amado. Toda Ella es Criatura Celestial, que por azul concepcionista macareno no ha de quedar, celeste y oro de Carrasquilla y Esperanza."Simpecao de Triana, Triana, contigo vida mía". Otro barrio con alma,“vestía toa" de verde, el de "Aguela Señá Santana” en busca de otra Esperanza.

Gentes por la antigua calle larga, Pureza de Triana. Mantones y corales para “La Chiquitita del Simpecao" que sin vacilar avanza en mano, de corazón a corazón. Revoloteo del Espíritu Santo en forma de paloma por los tejaos de la vieja cava y el gentío se adentra como si quisiera buscar en la liturgia del 6º de Pascua, juncia y romero, las aguas del “Jordán rociero”, el crujir de las carretas y encontrar la sombra de los verdes pinares por las arenas del Pentecostés almonteño.

Ya se presagia la Salve, los "vivas", y en las plegarias desde el azulejo de la casa encalada, ahí está la vieja rociera que casi bicentenaria tradición le viene de casta.


Un domingo típico de Pascua, con previos al Rocío tempranero de este año. Domingo atípico por la "no madrugá" del "morao" de túnica lisa nazarena, que -todos- y a todos cubre cuando llega y su cruz nos hace sombra.Nunca estoy solo.




Esteban R. Rivas

lunes, 28 de abril de 2008

La Estación de Penitencia definitiva junto al Señor

Y el Señor recobrará su lugar presidiendo el Altar Mayor de la Basílica. La normalidad volverá al Templo y los fieles acudirán a su encuentro.

Los ríos de las vidas desembocarán en el Mar de Dios. Las peticiones, ruegos y oraciones del pueblo serán oídos pacientemente por El Señor. Su verdad será el antídoto eficaz contra el veneno de la tentación, su Bondad alivio contra la enfermedad y su Amor contundente respuesta al rencor.

El Señor acogerá en su seno a los hijos que lo amaron sobre todas las cosas y que terminaron su paso por la vida, para despedirse de sus seres queridos y dormir el sueño eterno que los conducirá a la estación definitiva del viaje de su existencia con la Resurrección.

Como marca un Canon del Derecho Canónico: "Donde sea posible, la Iglesia debe tener cementerios propios, o al menos un espacio en los cementerios civiles bendecido debidamente, destinado a la sepultura de los fieles”.

El Señor resucitará entre los muertos y de su Gozo participarán los que duermen el sueño eterno de los justos.


Requiem aeternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis.
Te decet hymnus Deus in Sion, et tibi reddetur votum in Jerusalem;
exaudi orationem meam, ad te omni caro veniet”.


El Señor librará de ataduras del pecado a las almas que siguieron su camino lejos del cuerpo para disfrutar de su presencia.


Absolve Domine animas omnium fidelium defunctorum ab omni vinculo delictorum.Et gratia tua illis succurrente, mereantur evadere juditium ultionis, et lucis aeternae beatitudine perfrui

Un coro de ángeles los conducirá al Paraíso Eterno.

In paradisum deducant te Angeli; in tuo adventu suscipiant te Martyres, et perducant te in civitatem sanctam Jerusalem.
Chorus Angelorum te suscipiant, et cum Lazaro quondam paupere aeternam habeas réquiem”.

Cuerpos amortajados con túnicas ruan y negro permanecerán para siempre junto al Señor en San Lorenzo. Las cenizas de sus cuerpos vencidos a la muerte vivirán para siempre participando de su Misericordia y sus almas cofrades abandonarán la mortalidad de los cuerpos para ocupar un lugar de privilegio en la Plaza que Dios reservó en el Cielo a los que amaron al Señor de Sevilla


Cada beso en el Sagrado Talón del Señor será un beso al abuelo que duerme junto al Él, a la madre que nos enseñó a quererlo y al hermano que tantas Santas Madrugás nos acompañó a San Lorenzo atravesando el silencio de la noche bajo el anonimato de una túnica y entablando el más hermoso diálogo, ese diálogo donde las palabras salen del corazón y donde una simple mirada se hace dulce poesía.


La Última Estación de Penitencia de nuestras vidas nos hará ocupar un lugar en los tramos nombrados del Columbario de nuestra Hermandad. El sueño de compartir tramo con tantos hombres buenos curtidos en el amor a Cristo será una realidad indiscutible.


Esa túnica heredada del abuelo, vestida por el padre y como más hermoso legado y tesoro vestida por el niño que empieza a sentir el flechazo del Dios del Amor, un lejano día dejará de ser una para ser compartida por el nieto que caminará dichoso tras el padre y el abuelo en el tramo de sus vidas disfrutando de la Estación de Penitencia definitiva.

Hermanos os ruego vayan ocupando su lugar en los tramos de la Hermandad, las puertas del Gozo se abrirán en unos mínutos y la Cruz de Guía de la Vida Eterna iniciará su camino hacia la Estación de Penitencia Definitiva junto al Señor y vosotras abuelas de Sevilla descubrid vuestros rostros. En la Cofradía del Gozo ocuparéis el lugar reservado para las Parejas Nombradas del Señor. Descubrid vuestros rostros, que ya jamás recibiréis sobre vosotras el calor de la hirviente cera, no recibiréis otro calor que el del Dios que tantas veces fuisteis a visitar y al que nunca olvidasteis en la Santa Madrugá.

Las Almas de los Hermanos Difuntos de la PONTIFICIA Y REAL HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE NUESTRO PADRE JESUS DEL GRAN PODER Y MARÍA SANTíSIMA DEL MAYOR DOLOR Y TRASPASO piden la venia a los Arcángeles de Cristo para iniciar su ÚLTIMA ESTACIÓN DE PENITENCIA Junto al SEÑOR, dormir el sueño de los justos y compartir la GLORIA ETERNA por los siglos de los siglos.
Los Arcángeles de Cristo concedemos la venia a Las Almas de los Hermanos Difuntos de la PONTIFICIA Y REAL HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE NUESTRO PADRE JESÚS DEL GRAN PODER Y MARÍA SANTÍSIMA DEL MAYOR DOLOR Y TRASPASO para que inicien el camino hacia Su ÚLTIMA ESTACIÓN DE PENINTENCIA junto al SEÑOR. Es nuestro deseo que esta ÚLTIMA ESTACIÓN DE PENITENCIA reconforte vuestros espíritus y que vuestro camino encuentre definitiva morada en la CASA del SEÑOR. El amor al SEÑOR os hace merecedores de alcanzar el fruto de la VIDA duradera y compartir las excelencias de la GLORIA en la cercanía del DIOS en el que vuestras vidas encontraron el sentido de su existencia. Es justa petición la vuestra y concedida está la venia.

“Amigo Rafael no le hables alto al Señor que puedes despertar a tu abuelo que duerme junto a Él.


No le grites, no hace falta, el te escucha aunque no le hables, el te siente aunque no te acerques y el te quiere como tu lo quieres a Él.


Cuéntale al Señor las vivencias con tus tíos, con tu abuelo y con tu padre en tantas Madrugadas de San Lorenzo.


Despídete de tu abuelo y no lleves pena, que allí donde esté el Gran Poder allí estará presente tu abuelo del corazón”.

domingo, 27 de abril de 2008

La luz del día quedó eclipsada por la Luz del Señor

Llegó el momento señalado para que el Señor de Sevilla y su Madre abandonen su Casa para pasar unos días con sus hijas pobres. Mañana radiante de Sevilla, una extraña sensación recorría el pensamiento de un pueblo cristiano que se echaba a la calle para participar del evento. El día avanzaba, el Sol se habría paso lentamente hasta conquistar el horizonte Celeste que cubría toda la Ciudad. Las imágenes se sucedían y todo hacía recordar la mañana del Corpus o aquella otra reservada para la Patrona de la Ciudad. El vacío de la Plaza de San Lorenzo fue llenándose poco a poco hasta cubrirse por completo.

A medida que se acercaba la hora las voces presentes se convirtieron en tenue murmullo, el sonido rotundo de una campana, el chirriar de una puerta que acaba abriéndose por completo hacen decrecer el murmullo, la Cruz de Guía escoltada por faroles traspasa el umbral de la Basílica y lentamente llega hasta las puertas del Templo de San Lorenzo donde esperaban sendas representaciones de las Hermandades del Dulce Nombre y La Soledad.

Una comitiva de hermanos de luz completa el Cortejo. En sus miradas podemos encontrar respuesta a tanto amor por el Señor. Unos hermanos que han forjado su existencia en la fuerza del Señor. Entre ellos pudimos encontrar a hermanos cargados de años, caminaban lentamente pero con firmeza. Una firmeza que los acompañará hasta que el Señor los invite al banquete del gozo. Cuantas madrugadas concentradas en unos hombres que son parte de la Historia, porque esta bella Historia tiene como protagonistas al Dios que todo lo puede y a tantos hombres que se entregaron en cuerpo y alma a la justicia de su causa.

Se hace el más absoluto silencio ante una nube de incienso tras la cual se adivina la silueta del Señor. En unos segundos el humo de los incensarios decrece y el rostro del Divino Cisquero queda perfectamente visible a los ojos de una Sevilla que no termina de sorprenderse ante la infinita sucesión de matices que en cada golpe de vista descubre en el Señor. La emoción se hace presente, las gentes tratan de contener las lágrimas, resultando imposible.

En unos segundos se produce el milagro imposible la luz del Sol queda completamente eclipsada ante la Luz del Señor. El rey de los planetas claudica ante el Dios Celestial. Es un día distinto, la Historia nos enseñó que el momento del Señor está en la Santa e irrepetible Madrugá y en la mañana de los pajarillos que despiertan para cantar las alabanzas del Señor. Esta vez todo era distinto, era una mañana especial, para recordar toda una vida.

El silencio es roto por dos saetas históricas del maestro Heredia que atravesando el costado de la nostalgia y el recuerdo terminan por clavarse en los pechos conmovidos ante tanta emoción contenida. El Señor se perdía en el horizonte de la Plaza y apareció la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso.
"La dulzura de tu cara en perfecta armonía con la angustia de tu pena Traspasó mi alma de sevillanía. Fue hermoso volver a encontrarme contigo Madre Mía. No tenías que demostrarme que no necesitas palio ni madrugada para eclipsar la hermosura de las flores y la luz de los planetas, pero fue hermoso verte en soledad de parihuela y luciendo manto celeste de delicia macarena, para resaltar todavía más la hermosura de Tu rostro quebrado por el llanto, pero firme en Tu esperanza. El Rosario de Tu aurora refrescó el calor de una Plaza que no para de rendirse a tus encantos de lirio y azucena".

El Señor no termina de pasar por nuestras vidas

La Sevilla pasional no termina de rendirse al sueño perpetuo del anhelo. La estancia de Dios en las calles de nuestra Ciudad no terminó de agotar las últimas cuentas del rosario de su tiempo. Un tiempo breve e intenso que formará parte de la Historia de nuestra Ciudad, la cosecha de una Historia labrada durante siglos por el esfuerzo de hombres y mujeres abnegados a la causa de Dios y a la verdad de su mensaje de amor infinito y cuya imborrable huella perdurará en el tiempo y en el espacio. El Señor con su presencia volvió a ser el mejor alivio para curar las heridas de la desidia, el Todo para llenar el vacío de la soledad, la Certeza para encontrar respuesta a las dudas de la existencia, la Luz para superar la ceguera que nos alejó de la verdad de Dios y el Credo incuestionable que nos reafirma en nuestra Fe.

Los hijos de la Sevilla del sentimiento y del inquebrantable amor al Dios que rejuvenece ante el paso de los años, no sintieron el pellizco de otras veces cuando sus ojos apenas podían divisar la silueta del Señor al perderse en un horizonte de súplicas y oraciones. Algo les decía que muy pronto el milagro del Dios de las Alturas volvería a repetirse.


El Dios nacido de la madera que tomó vida propia, muy pronto se hará presente en las calles de Sevilla. El Señor traspasará el alma de la Basílica para hacerse presente en el corazón de una Plaza que enamora con nombrarla y que cautiva con pisarla. sus pasos le dirigirán a las arterias principales que conducen a los sevillanos al gran corazón que late fuertemente en el Pecho del que Todo lo Puede, poco a poco Conde de Barajas, Jesús del Gran Poder y Las Cortes sentirán la cercanía del Señor. La Plaza de la Gavidia será la penúltima estación antes de llegar a la calle que recibe el nombre del hombre que más amó al Señor en vida y que descansó para gozar eternamente de su misericordia.

La austeridad de un Convento será el punto y final en este breve, pero no menos intenso camino del Señor, que en todo momento sentirá tras de sí el aliento y el amor de su Madre. Las monjitas esperan al Señor como el milagro de sus vidas. A penas pueden hacerse una idea del rostro del Gran Poder, si acaso lo reconocerían por alguna vieja foto. Una primera vista hacia el Señor provocará admiración y cierta sorpresa ante la piadosa contemplación de la perfección de sus formas y ante la carga de profundidad de su mirada. En apenas unos segundos las hermanas clarisas capuchinas percibirán que esa misma mirada profunda del Señor fue protagonista de sus sueños desde novicias. El Señor que un día despertó en ellas la necesidad de dar testimonio en vida de los mandatos del Dios Padre ha venido a visitarlas a su casa. Que mejor que las monjitas para cuidar de Él y que mejor que el Señor para velar por sus sueños de inocencia. El silencio conventual no se verá alterado por la presencia del Señor y de su Madre. Sus paredes serán testigo del milagro de la madera encarnada en el Dios de la Vida. La paz y la armonía invadirán el silencio claustral de Santa Rosalía y el Pueblo de Sevilla será convidado de excepción al banquete del encuentro.

No me olvido de vosotras abuelas de Sevilla, tampoco faltaréis a la cita del Señor. Una vez más volveréis a ser niñas ante Él. El Señor que rejuvenece al paso de los años se acercará a vosotras en la lejanía de su zancada y la eterna promesa del reencuentro se hará presente en el ruego de vuestros corazones, cansados por el paso de los años, rejuvenecidos ante el Señor.


jueves, 3 de abril de 2008

Nostalgia de una luminosa tarde en San Bernardo


Un año más y llamado por el puntual martillo de la nostalgia arrié la parihuela de las convicciones trianeras profundas, herencia irrenunciable recibida de los abuelos de Triana que convivían en armonía en los corrales de vecinos. Aquellos patios donde los bienes privativos escaseaban frente a los comunes. Unos patios que vivían en hermandad, donde todo se sabía e incluso se conocían los más íntimos secretos del corazón. Las charlas y las tertulias amortiguaban el fuerte calor del verano. El calendario de la Sevilla sabia señalaba con letras grandes es Miércoles Santo. Mis pasos de nuevo siguieron la misma estela que los abuelos y abuelas de Triana que cruzando un puente entre barcas traspasaban las entrañas del Río para llegar al otro gran sueño de Sevilla. Sus pasos terminaban cada mañana en un barrio torero, confortable, caluroso, acogedor, íntimo, profundo, entrañable y ciertamente misterioso. San Bernardo llegó con el tiempo a convertirse en la prolongación de Triana en el corazón de muchos hombres que se dejaron el alma en su otro Barrio para alimentar a esos niños que cada tarde salían al patio impregnado de aromas de romero y de jazmín para recibir a sus cansados padres. El puchero de una esposa o el caldo de una madre eran el mejor remedio para revitalizar los cuerpos rendidos al trabajo cotidiano.
El hermoso paralelismo existente entre Triana y San Bernardo terminó con la unión para toda la vida de muchos de sus hijos.

Los hijos anhelantes de San Bernardo cumpliendo la promesa eterna escrita de puño y letra con tinta del color de la sangre que fluye de los corazones que laten sin cesar amando al barrio sevillano que pone los pies a la Giralda volvieron a sus orígenes, a la emoción del reencuentro, al comedor de las abuelas donde les esperaba la túnica de su Hermandad o el costal que acariciaría la trabajadera entrañable portadora de un Crucificado o del dolor inconsolable de una Madre.

En apenas unas horas el Cielo se tornó color tinieblas, las malintencionadas nubes tomaron parte en un banquete al que no fueron invitadas. Era una tarde para soñar con el Sol radiante que hizo merecer a tan señalada sobremesa como la tarde más hermosa y luminosa de Sevilla. El sueño se desvaneció, la firmeza de los pasos que nos acercaron al sueño se volvió pesadumbre. En el horizonte no existía el más mínimo atisbo a la esperanza. Este año el Cristo de la Salud y la Virgen del Refugio se acordaron de sus otros hijos costaleros que horas antes del amanecer abandonan sus hogares, sin a penas tiempo para despedirse de sus esposas y niños para iniciar la durísima chicotá de sus cosechas. El Cristo de la Salud y su dulce Madre nos recordaron que están todo un año para nosotros. Su amor no es exclusivo de una fecha, es un amor duradero, un amor que como fruto ha de madurar para hacerse gustoso y apetecible.

De regreso al Viejo Arrabal de mi pasión pude recordar las grandes tardes del Sol y el baño de recuerdos y sentimientos en torno a un dulce Crucificado entre claveles salpicados de lirios y la hermosísima Virgen del Refugio bajo un palio que conjuga a la perfección las excelencias de dos metales preciosos que en armonía con el Sol de la Primavera de Sevilla dan lugar a la aleación perfecta.

Para llenar en cierta medida el vacío de la tarde y la añoranza de la noche de sueños y recuerdos de San Bernardo y la inminente marcha de sus hijos que reinician el pedregoso camino de la ausencia recuerdo la letra de un delicioso tango que me viene a la mente cada Miércoles Santo, y que dice:

Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno...

Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos, hondas horas de dolor.

Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.

La quieta calle donde el eco dijo:
Tuya es su vida, tuyo es su querer,

bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver...

Volver, con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien...

Sentir... que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,

que febril la mirada errante
en la sombras te busca y te nombra.

Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez...

Tengo miedo del encuentro con el pasado
que vuelve a enfrentarse con mi vida...

Tengo miedo de las noches que,
pobladas de recuerdos, encadenan mi soñar...

Pero el viajero que huye tarde
o temprano detiene su andar...

Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.

Vivir... con el alma aferrada a un dulce recuerdo
que lloro otra vez...


Por último de un pequeño mueble del salón de mi casa recupero un viejo disco de El Arahal para escuchar tres entrañables composiciones que durante años acompañaron el morir de un venerado Crucificado: Salud de San Bernardo, Puente de San Bernardo y Pasa la Virgen del Refugio. Me quedo sólo ante la oscuridad de mi cuarto e inicio el camino que me llevará de nuevo a la deseada meta de las añoranzas y de los encuentros. Sólo me queda soñar con un nuevo Miércoles Santo, con un Puente bañado de Sol, con el despertar de un Barrio que vuelve a sus orígenes y con mi Cristo de la Salud y la Reina de San Bernardo.

lunes, 31 de marzo de 2008

Y llegó el Señor

A mi amigo Aguador de Sevilla
Y llegó el momento de los sueños revividos y de las certezas absolutas. Las silenciosa Campana enmudeció definitivamente, la brisa calló otorgando todo el protagonismo de la noche al Dios encarnado. Sevilla lo esperaba como nunca y como siempre. El murmullo penetrante de las almas terminó por reventar los tímpanos del desamor y de la dormida esperanza. De la oscuridad de la noche nació una Luz deslumbrante, los corazones aceleraron su ritmo vital y el dolor abandonó definitivamente los angustiados cuerpos.
Los doce meses de espera se hicieron cortos ante esos últimos segundos que nos mostrarían el esplendor del Dios de la vida. Por fin el portentoso milagro de la madera transustanciado en el Dios poderoso se hizo visible a los ojos de los hijos de Sevilla. Los cuerpos parecían asumidos en profundo éxtasis teresiano, por unos momentos trataban de elevarse del suelo para fundirse en la eternidad del Dios Terrenal y Celeste.
El Señor no llevaba la túnica lisa morada de pasadas Madrugadas. Llevaba consigo el mensaje de la Historia, del testimonio de los muchos cofrades que como Él no terminan de pasar. Hombres que se eternizan junto al Señor, cuyas almas quedaron para siempre fortalecidas en el descanso eterno de la Gloria. La túnica de los Cardos viene a recordarnos que el inexorable paso del tiempo se detiene cada Madrugá ante el Señor. Golpes secos de llamador anunciaban al Pueblo sevillano la presencia del Dios cercano. Un Dios que caminaba por las calles de Sevilla en la noche más hermosa, una noche que por tanto ser soñada cada año revive en el ser profundo de nuestra Ciudad.

Los que amaron al Señor y fueron llamados a participar de la Estación de Penitencia definitiva fueron testigos de excepción. Volvieron a asomarse a su privilegiado balcón de Cielo para rezarle al Dios verdadero. En el Cielo se escucha llamar a un capataz eterno, su fiel cuadrilla responde a su llamada elevando al Señor en suave levantá y una voz del pueblo grita con ímpetu desde arriba para acallar para siempre los malintencionados corrillos de la desmemoria.


“La fuerza del Señor no está en su zancada,

ni en el movimiento acompasado de una túnica morada.


Su fuerza está en la verdad de su mirada,

en el dolor profundo por una espina clavada,

en la incuestionable certeza de que un día dejó de ser de madera

para tomar vida en una Ciudad que lo venera”.

domingo, 30 de marzo de 2008

La tarde se rompió y la noche trató de olvidar

Transcurrían las horas de un Jueves Santo roto por la mitad, una jornada marcada por tres ausencias, tres hermandades que sufrieron la crueldad de una incesante lluvia que acabó con la ilusión de unos hermanos que no pudieron acompañar a sus Imágenes Titulares en el día señalado como grande en el oportuno calendario de la Sevilla cofrade. La lluvia cesó y la tarde nos regaló momentos de gran emoción que alcanzaron el punto álgido con la entrada en Campana de la Reina de Montesión a los sones de dos bellísimas composiciones: Virgen de los Negritos y Virgen de la Victoria en honor a las dos hermosas dolorosas del Jueves Santo cuyas ausencias marcaron enormemente el devenir de la jornada. Se hizo la noche y la Sevilla de la nostalgia y el romanticismo quedó prendada ante el conmovedor Misterio de la Quinta Angustia traspasando el alma misma de la Ciudad para retornar a San Pablo. La calma y el silencio embargaron por completo el marco incomparable de un Arco del Postigo expectante De repente de un balcón y de la profundidad de una garganta nació una vibrante saeta para el delirio de un público entregado a la fría noche de Sevilla y a sus encantos de recién estrenada Primavera.
En el ocaso del Jueves Santo y en el renacer de la Santa Madrugá pudimos contemplar con sublime admiración la trilogía perfecta de la Virgen del Valle que derramaba sus últimas lágrimas de Jueves Santo al compás de la más hermosa melodía que para toda una vida en un pentagrama se plasmaría. La Virgen del llanto inconsolable por unos minutos compartió la gloria de su música con la Virgen de la Merced. Las notas suspendidas en el aire acompasaron la excelencia de dos bellezas incuestionables que caminaban por Sevilla bajo la majestuosidad de dos palios embriagados de sevillanía. Jesús de la Pasión caminaba sin descanso para buscar la Plaza y el reencuentro emocionante con el hombre que a su vez fue su padre e hijo, el creador de sus formas y que pocas horas después no dudó en arrodillarse ante su Divinidad. Un rejuvenecido Salvador volvió a ver de frente al Jesús de la dulzura. La Cruz de Guía de la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla se abría paso entre la estrechez de una calle confundida entre naranjos repletos de naciente azahar. Dos hileras de cirios suspendidos anunciaban la inminente presencia del Señor portador de la Cruz de nuestros pecados, una Cruz por siglos de historia cargada del revés. La memoria dormida de Sevilla despertó ante la Señora de los azahares concepcionistas. Una espada volvió a ser símbolo irrefutable de la defensa del más puro y verdadero dogma de María. La Virgen de la Concepción florecía ante el tupido velo de la noche que pocas horas antes terminó por cubrir la claridad del día.

miércoles, 12 de marzo de 2008

¿Qué cómo es el Cielo? ¿Qué cara tiene la Virgen?


Por fin la Señora de Sevilla descendió del Camarín de Gloria que un día labró con sus propias manos un hombre de plata con un corazón de oro. Un sevillano de ley que estará exultante en ese rincón que Dios tiene reservado para los Hijos predilectos de Sevilla. Que poquito falta para que ese gran corazón que latió fuertemente por Sevilla vuelva a asomarse al balcón del Cielo junto a tantos hombres que amaron Sevilla y que dejaron lo mejor que llevaban dentro para regalarnos esta Ciudad eterna que perdurará para siempre en las justas memorias de sus gentes. Junto a él estará el enorme macareno Abelardo portador de las llaves que abren la puerta de la Gloria de los Cielos a los que se entregaron en cuerpo y alma a su Virgen Macarena. Una saeta brotará de la profundidad de una garganta macarena, una voz que ni ese duro trance de la dama oscura y misteriosa que nos sorprende con su guadaña traicionera y que nos separa en cuerpo de nuestros seres queridos, podrá silenciar. Doña Juana volverá a rezarle a su Virgencita de San Gil esa plegaria bellísima de profundo amor sincero. El Cielo se inundará por un mar de salves y oraciones macarenas. El color del Cielo por una noche dejará de ser el azul y pasará a ser verde, como el color con el que Sevilla define un sentimiento, una advocación y un deseo.
La Esperanza volvió a subirse a su trono de Reina, el noble metal se arrodilló ante su infinita belleza. Cuanto amor concentrado bajo un palio sublime de Esperanza. Cuantos corazones rotos por tanto fervor y cuantas ilusiones concentradas en un Barrio. Juan Manuel rozó la perfección con un palio del mismo color que la sangre derramada por un Hijo injustamente sentenciado.
El Atrio de los sueños macarenos rebosa júbilo ante la inminente presencia de la Esperanza. El largo viaje de la espera muy pronto se detendrá junto a un Arco, pórtico irrenunciable de ese otro viaje que durante una larga noche acercará a la Esperanza al otro lado de la Muralla. El verde manto de la Esperanza volverá a cubrirnos de nuestras miserias. Las penas y los sinsabores dejarán de embargarnos. Los hombres errantes encontrarán segura morada en su regazo de Madre. Sevilla volverá a ser testigo de la divinidad de la Madre de Dios que caminará con elegancia y sobre los pies a hombros de sus hijos costaleros.
Los más ilustres poetas que durmieron la paz eterna de una Sevilla inmortalizada en el tiempo compararon su belleza con las más hermosas flores.
¡Madre Mía no existe flor que compararse contigo pudiera, porque Tú eres la Reina del Cielo, la Madre de los Macarenos, la dueña de los corazones de Sevilla y la Flor más hermosa que cada primavera florece en el jardín de este trocito de Gloria que suspira por verte de cerca en esa única Madrugá donde los sueños se convierten en realidad!

Una fría tarde de diciembre me preguntó mi pequeña niña ¿Papá como es el Cielo? ¿Es guapa la Virgen? ¿Qué cara tiene? Me quedé paralizado por unos minutos, no encontraba la certeza en una respuesta que su niñez pudiese asumir. Esa misma noche tomé de la mano a mi pequeña flor de tres años, traspasando el tupido velo que terminó por cubrir totalmente la claridad del día, caminé junto a ella y traspasando el umbral que separa la Sevilla terrenal de la Sevilla Celeste me acerqué a mi otra Flor y Madre, parecía que nos estaba esperando, lucía más hermosa que nunca y por fin en su cara divina encontró respuesta mi princesita. Me miró a los ojos y yo sólo pude contestarle si hija esa es la cara de la Virgen y este es el Cielo.

domingo, 27 de enero de 2008

DE REPENTE SE ROMPE EL SILENCIO DE LA NOCHE SEVILLANA


Sevilla amaga con despertar del hechizo de la espera. De la profundidad del oscuro pozo del tiempo se adivina un minúsculo rayo de luz hacia la esperanza verdadera. Muy pronto haremos nuestro el mensaje de la luz y la profundidad del sueño dará paso a las primeras horas de desvelo. Con el paso de los días los corazones, amantes inseparables de la Sevilla eterna que perdura, palpitarán a un ritmo más acelerado, las almas cofrades tirarán de los cuerpos mortales, fortaleciendo los espíritus cansados de tanto amor soñado. Despertaremos de un hermoso sueño para sentir en carnes propias una realidad, que por imposible que parecer pudiera, iguala y hasta supera. El marco inigualable de la Sevilla encantadora se asomará a su balcón de primavera para mostrarnos su jardín de encantos y primores. De sus plazas y rincones brotarán flores blanquecinas que perfumarán nuestras vidas con aromas de elegancia y sevillanía. El silencio profundo de la noche sevillana se perturbará tenuemente por el son acompasado del rachear de unas alpargatas costaleras y la rotunda voz de un capataz, capitán inseparable de un barco expectante ante la llegada de sus huéspedes más deseados. De las entrañas mismas de unas rudas trabajaderas partirá el murmullo penetrante de suspiros de valientes trabajadores del costal. A golpes secos de llamador y levantás al Cielo sevillano se alejará la parihuela, dejando tras de si una imborrable huella de sensaciones. Sevilla despierta a una nueva primavera y se ilusiona ante la inminente llegada de unas nuevas vísperas. En un primer instante los cofrades sevillanos se frotarán los ojos incrédulos ante la certeza de una Semana Santa que se acerca y que casi pueden acariciar con sus propias manos. Los acontecimientos se irán sucediendo, nuestra Ciudad cambiará de aspecto, nos mostrará su cara más bonita, el Hada de la Cuaresma nos hechizará con su varita encantadora y el Pueblo de Sevilla volverá a la más hermosa realidad.
Con la llegada de la Cuaresma el cofrade se sentirá embargado por un doble pensamiento: por un lado desea que esos 40 días transcurran a gran celeridad para encontrarse de frente con un nuevo Domingo de Ramos y por otro lado desea que esta última parada en la Estación del tiempo se eternice, para con ello no encontrarse nuevamente con la cruda realidad de sentir que.........“ya queda menos para que una nueva Semana Santa pase por delante de nuestras vidas y nos deje asumidos en la triste soledad del recuerdo”.

sábado, 26 de enero de 2008

RECORDANDO LA PROCESIÓN DE CORPUS DE 2007

Tras una interminable comitiva de oscuros trajes y en el horizonte de la Avenida se divisa entre destellos de luces e incienso la portentosa Catedral Eucarística labrada en plata por el insigne maestro universal Enrique de Arfe. Se hace el silencio entre los fieles sobrecogidos ante la inminente llegada del Santísimo, que un año más hace revivir en las calles de Sevilla la bula pontificia "Transiturus de hoc mundum". De los cimientos mismos de la Santa y Milenaria Catedral Hispalense y como voces tenebrosas que parten de ultratumba se escuchan lamentos de frailes que desde hace siglos duermen el sueño eterno de los justos bajo el suelo catedralicio, almas puras de hombres que entregaron su vida por Dios misericordioso y por sus hermanos terrenales pecadores. La procesión se detiene; sus partícipes y el numeroso público congregado a su alrededor se estremecen horrorizados, temerosos de Dios y del misterio de voces que nacen de la faz de la tierra como lamentos en noche de tinieblas de Guerreros Templarios en Monte de Ánimas. Un grito irrumpe en la silenciosa y radiante mañana del Corpus de Sevilla "Catenariam horribilis aspectus habent" "dominus et christianorum tormentum sunt".

SEÑOR TÚ ERES LA LUZ QUE NOS ILUMINA

La melancolía invade mi ser y se clava como puñal doloroso en mi corazón de humilde sevillano. La profunda herida del recuerdo no termina de cicatrizar. La pena me acompaña desde el ya lejano anochecer en San Lorenzo el Sábado Santo del año del Señor de 2007. La llegada a la Plaza de una Madre en Soledad al pié de la Santa Cruz era presagio incuestionable de que la realidad de un sueño se apagaba en la profundidad de un Templo que cerraba sus puertas a Sevilla. Un año más apoyé mis manos suavemente sobre el portón de la Parroquia que con gloria lleva el nombre del Santo Mártir que la protege celosamente. Pedí por la salud de los hombres, por el fin de las guerras, por un Mundo sin rencores………….”Dios mío que más puedo pedirte………si Señor te pido que acortes la espera y que ese profundo sueño no se eternice para siempre, que en apenas unas horas despierte y vuelva a sentir que es Primavera”. Aquellos pajarillos que despertaron la mañana del Viernes Santo para anunciar la llegada del Señor no volvieron a aparecer aquella fría noche. Dormían arropados en las copas de los árboles de la hermosa Plaza que hace de pórtico a la Casa del Dios Poderoso que se quedó a vivir para siempre en la Tierra de su Madre Santísima. Los pajarillos no volvieron a despertar como aquella mañana que en inexplicable milagro transformaron sus trinos en las más hermosas melodías al dulce compás de las voces de los ángeles que custodian al Señor. Esa Plaza por un año permanecerá anhelante ante la llegada de la llama misteriosa que encienda la antorcha de las almas dormidas de la Sevilla que se enamora de sí misma cada Primavera y que cerca está de ver la Luz. Sevilla madurará y de su fruto germinarán suaves florecillas de azahar que anunciarán que muy pronto una alfombra de pasión cubrirá el oscuro tapiz de la Sevilla soñadora y ahí estará de nuevo presente el Divino Rostro del Dios que mora en San Lorenzo. Esa noche no caminaré a su encuentro, mis rodillas no se clavarán delante de Él en su altar de Gloria. Me aferraré a esa noche, lucharé por ella como lucharon nuestros antepasados concepcionistas en la defensa del más Sagrado Dogma de María, pediré a Dios con todas mis fuerzas que esa noche única se inmortalice en el tiempo y que nunca muera, porque Dios mío esa noche serás Tú quien salgas a mi encuentro, recordaré que en mis muchas caídas acudiste como Cirineo para levantar mi errante cuerpo del suelo. Me hiciste comprender que la Majestad de Dios es bondad y amor infinito. No faltarán aquellas mujeres cargaditas con el duro peso de los años. Esa Madrugá percibirán aromas de eterna juventud, con el paso de las horas sus espíritus se fortalecerán y tirarán con fuerza de cuerpos que empiezan a caminar a paso racheao por el cansancio. Se verán reconfortadas ante la presencia del Señor de Sevilla, durante una larga noche de emociones y sentimientos pedirán por todos, sus oraciones no olvidarán a nadie. Su última mirada hacia el Señor irá acompañada de una justa petición “Gran Poder te pido de corazón que me des fuerzas para que el año que viene vuelva a estar contigo y caminar a tu lado”. Algunas de estas mujeres se ausentarán la próxima Primavera atadas a la inmisericorde prisión de una enfermedad, será entonces el Señor quien acuda a rescatarlas de su cautiverio. Otras habrán merecido ser llamadas para siempre a su presencia y esa hermosa Madrugada ocuparán un lugar de privilegio en La Plaza que Dios reservó en el Cielo a los que amaron profundamente a Sevilla y creyeron incondicionalmente en Él.

domingo, 15 de julio de 2007

HIJOS MUY CERCANOS AL HIJO DE DIOS Y AMOR VERDADERO

Trascurría la Semana Santa entre luces y sombras hasta que llegó la Santa Madrugá y con ella la sublime contemplación de la perfecta figura, la renovada juventud y al mismo tiempo eterna presencia del Señor de Sevilla. En cada una de sus llagas se veían reflejados cada uno de los cofrades predilectos de Sevilla que este último año hicieron su último viaje para reencontrarse con Él cara a cara en el Cielo. Lloraban desde arriba por no estar en las calles de Sevilla en su Semana Santa y junto a Él. Al verlo pasar desde ese balcón de privilegio donde se asoman los buenos, el llanto cesó y en sus caras sevillanas se adivinaron las plegarias más hermosas que nunca se rezaron en la Gloria de los Cielos. El sueño eterno de los justos que durmieron en la esperanza del pronto reencuentro con el Dios justo se prolongó a las calles de Sevilla que rebozaron júbilo y sintieron en la profundidad de sus entrañas la certeza del incuestionable axioma proclamación de fe de los cofrades sevillanos “en verdad que este hombre que carga la tosca cruz de nuestros pecados es el Hijo de Dios y el Amor Verdadero”.

sábado, 7 de abril de 2007

SUEÑOS QUE SE DESVANECEN Y ESPERANZAS QUE RENACEN


Un año más los cofrades sevillanos tuvimos la miel muy cerca de nuestros labios y no pudimos saborearla como nuestro anhelo hacía prever. La Semana Santa pasó por nuestras vidas fugazmente, casi de puntillas. Son muchos los recuerdos que quedarán inmortalizados en nuestras memorias a lo largo de los años, pero entre tantas luces y esplendor perdurará la triste sombra de los muchos hermanos nuestros que se quedaron en sus templos sin poder hacer realidad el acontecimiento soñado durante doce intensos meses de espera: acompañar a sus Amantísimos Titulares en la Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral.
La incertidumbre de esa tan capichosa, como a veces, impredecible ciencia que estudia los fenómenos meteorológicos nos tuvo en vilo durante largas horas. Los modelos, satélites y predicciones fueron protagonistas desmesurados ante unos hombres, auténticos convidados de piedra, incrédulos ante la opinión de doctos estudiosos que no encontraban una respuesta justa que pudiera adelantar la dirección de un viento que conllevara el desplazamiento de una nube y la consiguiente descarga sobre nuestra Ciudad, inundando con sus turbulentas aguas las ilusiones que por segundos se derrumbaban sobre un mar de lágrimas y lamentos. Estos hermanos nuestros que no pudieron acompañar a sus Amantísimos Titulares en el día señalado como grande dentro del calendario de sus hermandades, lejos de desvanecerse completamente fueron un ejemplo para el resto de los cofrades.
A las desesperanzas de los primeros momentos acompañadas de lágrimas le fueron sucediendo inmediatamente un sin fin de abrazos sinceros entre hermanos y la comprensión ante la decisión de los hermanos mayores, que hicieron abstración entre lo que el corazón ruega y lo que la razón ordena. Es triste dejar a unos hermanos en un templo sin poder dar esos pocos pasos que le acercan a hacer realidad un sueño, esos pequeños angelitos vestidos de nazareno o monaguillo que lloraban amargamente, que no encontraban palabra ni gesto que consolarlos pudiera, esos niños con el tiempo comprenderán aquellas palabras entrecortadas de un hermano mayor que rompía en llanto.

Estos hermanos nuestros son el verdadero ejemplo a seguir, la verdadera prueba de la grandeza de nuestra Fiesta. La resignación de unos cofrades que lejos de caer en la desidia levantan el ánimo y piensan en una próxima Estación de Penitencia. Nos hacen reflexionar a los que si pudimos disfrutar de nuestras imágenes en la calle y participar de su sentimiento profundo y de su ansiedad, pero sobre todo participar de su inagotable esperanza.

Queridos amigos dediquemos unas palabras a nuestros hermanos cofrades pertenecientes a las 19 hermandades que no pudieron completar dignamente o sin sobresaltos su Estación de Penitencia a la Catedral de Sevilla y pensemos en los abuelitos que se asomaron al balcón de sus casas para esperar a su Cristo, Dios sabe si por última vez, y no terminaron de verlo pasar o el consuelo de una Madre que se quedó en casa cuidando del dolor de su Hijo.
Muy pronto despertaremos del sueño de la nostalgia de una Semana Santa que se nos fue y sentiremos con ilusión el júbilo indescriptible de un nuevo Domingo de Ramos. Once son los meses y siete los días que separan a los sevillanos de volver a tocar con sus manos la gloria del Cielo.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Sueños y recuerdos

En estos días de vísperas los más bellos recuerdos invaden nuestras mentes, al tiempo que nuestros cristianos corazones laten a un ritmo mas acelerado. Las noches de sueños profundos dieron paso a los desvelos, a ese soñar despierto, porque nuestra Semana Santa es un sueño que cada Primavera soñamos con los ojos muy abiertos. Un tupido velo nos cubre de pesares, angustias y miserias. Los naranjos muestran las primeras flores de azahares, con esos dulces olores que nos presagian que algo grande está a punto de pasar en nuestras calles. En el paseo matinal desde el viejo Arrabal trianero cruzando un puente que nuestros abuelos cruzaron entre barcas, muere ese río de nuestras vidas que es Triana, unas vidas que van a vivir y no morir en ese mar de horizonte por Dios bendecido de una ciudad soñada, de tanta belleza, profundidad y encanto que el poeta que mejor cantó a Andalucía sólo pudo llamar Sevilla, porque Sevilla es el adjetivo más bello que podemos emplear para llamar a un sueño que no es tal porque está lleno de vida y hasta respira.

En apenas unos días sobre el lienzo de Sevilla los pinceles celestiales dibujarán los más hermosos paisajes sobre un fondo de Amargura. Nazarenos de túnica morada, Crucificados de sangre y agonía, Misterios sobre barcos de sevillanía, Soledades de Madre al pie de la Santa Cruz y Palios que entremezclan colores de dolor y de armonía.

Un año más volveremos a vivir lo mismo que un día vivieron nuestros abuelos y como el más privilegiado legado vivieron nuestros padres y hoy sus nietos e hijos retomamos como testigo de fe y sentimiento. ¡Dios mío de mi alma como no voy a quererte y más ahora que es Cuaresma, si fue en Cuaresma cuando conocí a la única mujer de mi vida y a los pies de la Esperanza y si fue en puertas de una nueva Cuaresma cuando me hiciste el regalo más grande, esa pequeña flor que cada Madrugá de Viernes Santo arrullo entre mis brazos para postrarme ante mi otra flor y Madre morena de gitana pureza!. Un último recuerdo me lleva a aquellas noches de desvelos de padre y de lágrimas de mi niña, sólo acalladas por cortas mecías y la mas dulce de las nanas que nacía cada noche de la profundidad de la garganta de un padre, porque mi niña dormía con esa dulce melodía que cada tarde de Jueves Santo consuela el dolor de la Virgen que más llora.

sábado, 17 de febrero de 2007

¡Dios mío contigo nada me falta!


¡Dios mío contigo nada me falta!
Ya queda menos. El rancio culto a lo solemne, el misterio de la zancada de un Nazareno de túnica bordada sobre la mesa de canastilla y claveles del color de la sangre por un justo derramada. Los del rancio abolengo buscan la verdad incuestionable del Dios que motiva la existencia de sus vidas. La historia, que bebe de las aguas puras de la fe, cuenta de la vida de un hombre justo que padeció tormento y fue glorioso en su Resurrección. Una historia hace largos siglos ocurrida que tomará cuerpo y vida, desfilando en a penas unas horas delante de hombres sedientos de piedad y asumidos en la desidia. Las almas duermen en el profundo sueño de la nostalgia y los cuerpos yacen vencidos a la barbarie de un mundo que les tocó vivir sin pena ni gloria. De repente todo se detiene, lo que era profundo sueño se vuelve gozo en vida. Los corazones que aman Sevilla laten más deprisa. Las apenadas almas encuentran alivio, las vidas sentido a su cuestionable existencia. Todo es silencio, ni el aire de la brisa respira, el azul del Cielo se vuelve oscuridad y tinieblas. La Ciudad se paraliza. En una plaza, por un Santo Mártir coronada, ante el silencio de una masa humana, que es oración y llanto profundo, se escucha el chirriar de una puerta. Ya no hay pena que valga. Una cruz bañada de atributos pasionales avanza despacio ante la atenta mirada de hombres y mujeres cargados por el inexorable y contundente paso de los años. Un mudo murmullo recorre la Plaza, la oscuridad de la noche da paso a la verdad de una Luz de amor infinito. El Señor hace presencia y llena de amor toda una Plaza, toda una Ciudad y hasta un infinito Universo. Oraciones y lamentos nacen de rotas gargantas que hacen versos de los más sinceros y profundos de los rezos. El más grande entre los grandes camina alargando su zancada, le sigue una comitiva de mujeres cargaditas de años que cubren sus rostros para protegerse del incesante goteo de lágrimas de hirviente cera, esas benditas mujeres que nunca le fallan, esas mujeres que siguen al Señor cada Madrugada, que olvidan por unas horas sus muchos dolores, sus muchas penas y que le dicen al Señor ¡Dios mío contigo nada me falta!. Los primeros rayos de luz de la mañana dan entrada a un coro de pajarillos que como ángeles bajados del Cielo anuncian que Dios mismo pisa las calles de Sevilla. Los cansados pies de las abuelas de Sevilla se detienen, sus miradas tornan hacia el Señor y una súplica invade sus corazones ¡Señor Mío sólo quiero pedirte que me des fuerzas para que el año próximo vuelva a estar contigo!. Las atormentadas memorias de repente olvidan sus muchas miserias y las puertas de la Basílica se cierran al Traspaso de María. Un año más se obró el milagro, el mismo Dios paseó su bondad por las calles de esta noble, mariana e invicta su Ciudad. Los corazones entregados al Señor se atreven a gritar lo que los titubeantes labios nunca podrían decir ¡Dios mío contigo nada me falta!.

sábado, 10 de febrero de 2007

Vivencias de Cofrade

La Semana Santa de Sevilla es una armoniosa sucesión de olores, sabores, sonidos e imágenes de inigualable belleza, que desde hace siglos han enamorado a unas gentes, que cada año ven repetir un mismo ritual de Pasión, Muerte y Resurrección. Unas calles que retroceden dos mil años en su Historia. La Semana Santa de Sevilla, siempre la misma, siempre distinta. En cualquier calle, rincón o plaza aparece de repente como saeta voladora que desde el Cielo encuentra reposo en su vuelo para tocar con su vara de encanto y obrar el milagro. El ritmo de la Ciudad se acelera, un sordo murmullo invade el ambiente, se presagia el gran momento. Se van quemando fechas en el calendario y pronto volveremos a vivir el júbilo indescriptible de un nuevo Domingo de Ramos y así poco a poco pasará por delante de nuestras vidas una nueva Semana Santa. Queridos cofrades como continuación a las instantáneas Cuaresmales nos agradaría que diéseis respuesta a las siguientes cuestiones: ¿Qué recuerdos de pasadas semanas santas tenéis en estos días?, ¿Qué esperáis de la inminente próxima Semana Santa?, ¿Mantenéis la ilusión de aquellos niños que de la mano de sus padres tenían su primer encuentro con las cofradías en la calle?.