martes, 18 de noviembre de 2008

400 años Caído por Triana

La mañana se abría paso por las calles de Triana, desde Castilla pasando por Alfarería, San Jorge, Callao, Altozano, San Jacinto, Pagés del Corro, Rodrigo de Triana, Pelay Correa y Pureza hasta llegar a la Plazuela y adentrarse en Santa Ana. Oscuridad en la Catedral de Triana, al final del pasillo central que se inicia en el Coro se divisaba la hermosura incomparable de la Reina de Triana. San Pedro que tomó prestados el rostro y las llaves del Mudo de Santa Ana atónito se quedó al mirarla a la cara. Don Juan y Don José se frotaban los ojos en el Cielo, Don Manuel su privilegiado heredero tomaba el testigo con el agradecimiento de su corazón. La postal que muchos trianeros anhelaban se hacia realidad a los pies de Señá Santa Ana. Cuantos trianeros soñaron y seguirán soñando con esta imagen y el reencuentro con el esplendor del otro Templo grande de Triana. Esperanza y Estrella en Cuaresma volverán a darse la mano prolongando en el tiempo el saludo pasajero y eterno del Viernes Santo por la mañana. La Virgen Capitana vestida de luto por sus hijos difuntos a pocos pasos de su Madre y junto a Ella el Hijo de sus entrañas, sólo, con la túnica bordada, en recuerdo de la original del inolvidable Juan Manuel, sobre un pequeño paso alumbrado por cuatro candelabros de guardabrisas con cirios morados y dos faroles sobre un monte de lirios. Interminable trasiego de fieles hasta el mediodía cuando el portalón se cerraba.

Por la tarde el Cristo de las Tres Caídas caminaba en silencio, un silencio roto por un murmullo de plegarias, ruegos y oraciones. El almanaque retrocedía en a penas un par de horas cuatrocientos años en su tiempo. Vuelta atrás en la Historia hasta llegar al principio y a un rejuvenecido Convento de la Encarnación. Los ojos de las monjitas mínimas encerradas en la clausura del Convento atravesaban los muros para contemplar a la perfección los maravillosos perfiles del Rey de los corazones de Triana. Los ojos del alma alcanzaron a ver el milagro de Dios en el umbral de sus vidas. Vuelco de corazones y suspiros de ángeles en la Cava. Las monjitas dormidas en la profundidad del sueño eterno despertaron para acariciar a su Cristo Moreno. El tiempo se detuvo en Triana, las errantes vidas encontraron rumbo cierto en su camino, los débiles de espíritu la fuerza para levantarse y los hijos lejanos retornaron a su paraíso de niños. Cristo Caído en la alfombra de Triana, añoranzas de viejas postales que murieron en sus entrañas. Abuelas vestidas de negro lloraban sin consuelo tomando de la mano a sus nietecillos “abuela no llores más que me rompes el alma”.

Amores soñados en la Cava volvieron a reencontrarse al anochecer. Aromas y esencias puras de Triana perfumaban unas calles totalmente abarrotadas de fieles entregados en cuerpo y alma a la fría y hermosa noche de este lado del Río. Se hicieron viva presencia recuerdos de gitanos y civiles de la Cava, de corrales de vecinos con olores de jazmín y de romero, de mareantes perdidos en el azul océano, alfareros y ceramistas del pasado, betuneros y carboneros en el olvido, hombres que madrugaban para cruzar el puente de barcas en busca del pan de sus hijos y tantos trianeros que durmieron para siempre para seguir soñando. Sabor a viejo Barrio, lágrimas en el recuerdo, emociones por el momento y esperanzas en pos del reencuentro. Vacíos y ausencias en la Calle Larga de Triana. Pureza no esperaba como en la verde Madrugada, trataba de ver y no veía, trataba de llegar y no llegaba y trataba de sentir y Dios Mío, sentir y como sentía.
Desde el Puente de Triana empezaba a percibirse una suave brisa que terminaba por acariciar el dulce rostro del Cristo de las Tres Caídas, sus manos sutilmente apoyadas sobre los lirios morados, sus labios implorantes y sus rodillas clavadas en la tierra, el suave terciopelo de su túnica besaba la canastilla de Sol, la luz de sus ojos y los guardabrisas encendidos de Candelaria eclipsaban el firmamento infinito y el brillo de las estrellas hasta cegarlos por completo. En el Cielo asomaba una Luna hermana de aquella que llaman del Parasceve, en el Barrio León de los naranjos brotaba azahar. Todo parecía tan igual a la noche señalada.
Ausencia de túnicas moradas y verdes de terciopelo, de Centurión a caballo mostrando el camino en la proa y de Cirineo aliviando el peso en la popa. Ausencia de claveles y de roja cera resbalando sobre el canasto. Ausencia de capataces y costaleros que se marcharon a la Gloria para pasear la Caída de su Cristo a la voz del capataz eterno. Ausencia de vidas derramadas sobre un mar de sueños retomados. El barco del recortado paso navegaba sin perder el compás sobre un mar de amores en busca de un horizonte de bonanza. El Señor tres veces volvió a caer en Triana, tres veces que levantó y volvió al camino. Cada golpe de llamador sonaba con fuerte eco sobre los pechos trianeros. Cristo paseaba sobre los hombros de hermanos costaleros, los suyos propios y los que llevan a su Madre cada Madrugá.
Sonidos de cornetas y tambores nacidos del corazón y del sentimiento profundo de un Barrio, sonidos evocadores de largas chicotás y de sublimes revirás, música celestial para los oídos de Triana. Bulerías y soleares sonaron en la Cava más gitana, clásicas como Cristo del Amor y otras como Santa María del Rocío, Esperanza Gitana, Al Cielo El Rey de Triana, La Pasión. Sobre los pies y muy despacio, a penas sin alargar el izquierdo, avanzaba por las entrañas del Barrio, emoción especial ante la Capilla de la Estrella. El Cristo Caído en el suelo de Triana miraba para Sevilla, pero esa noche no, los pellizcos del Puente tendrán que esperar como lo hará Sevilla. Esa noche era para Triana, no hubo despedidas en la Capillita del Carmen, atrás no quedaron San Jacinto y Altozano, la silueta del Señor no se dibujó sobre las aguas del Río, las lágrimas de cera se derramaron sobre las calles de Triana, las barcas no iluminaron el Puente con destellos de luces, Reyes Católicos no resultó ser el punto y seguido en su camino hacia la otra orilla, La Campana no volvió a ponerse en pie a su llegada, La Catedral no guardó silencio ante el Monumento, El Postigo no esperaba el milagro del Misterio bajo su Arco, ni el Baratillo se asomó a su balcón para recibirlo con los brazos abiertos. Sevilla esperaba como siempre a que llegase su hora.


A mi mujer y a mi hija

sábado, 8 de noviembre de 2008

El Centinela de Santa Ana

Despierta Triana muy de mañana, sus calles empiezan a recobrar la normalidad de un nuevo día. El tenue murmullo de las primeras voces quedan en un segundo plano ante el rotundo sonido de un cerrojo, instantes después un viejo portalón abre sus puertas de par en par. De las entrañas mismas del Templo se escucha el rachear de unas zapatillas que acompasan el caminar de un hombre todo corazón que vuelve a repetir el mismo ritual de cada día a lo largo de una ya dilatada vida. Sin tregua, descanso o fatiga que valga, siempre es fiel a la cita. El cariño de todo un Barrio y por extensión de toda una Ciudad ha dado a catalogar a este gran hombre de Dios como “Patrimonio Humano de Triana”. Todos sus amigos llevamos con orgullo su verdadera amistad. El Mudo es un hombre bueno, sencillo, entregado, abnegado, cumplidor, trabajador, buen vecino y mejor cristiano. La Iglesia de Santa Ana es su única morada, el sentido de su vida y su todo. Como pude entender perfectamente en esa peculiar manera que tiene de entenderse con sus amigos, el día que se levante, y sus lentos, pero decididos pasos, no lo lleven hacia su Triana y hasta la Madre de su Esperanza, se muere de pena.

El Mudo con el paso de los años ha ido modelando un carácter afable que lo ha convertido en un ser especial. Muy temprano se vio privado de sus seres más queridos. A base de golpes de corazón ha ido superando los tragos amargos que ha tenido que soportar a lo largo de su existencia, ha vivido cada momento con intensidad. No necesita hablarnos para ser entendido, cuando el corazón es transparente y sincero no necesita de palabras para transmitir un sentimiento, un deseo o una pena. Como bien decía nuestro añorado D. Juan Martín Pérez, el Mudo te entiende cuando quiere, cuando no, se hace el desentendido. En el interior de su mirada y en sus ojos humedecidos podemos encontrar respuesta a una vida entregada a los demás, de mucho sufrimiento y no menos esperanza. El Mudo siente gran emoción al ver como los niños que correteaban por Santa Ana, vuelven un día para celebrar su Primera Comunión, el Matrimonio e incluso bautizan a sus hijos.

Las paredes del Templo y el Mudo son los grandes guardianes de los muchos secretos que se esconden bajo los techos de la Catedral de Triana. Se adelanta perfectamente a los distintos acontecimientos religiosos que tienen su punto álgido en la Parroquia de Santa Ana. Con arte inigualable e inquieto, espera algunos sábados por la mañana, sentado junto a una vieja mesa, a los muchos fieles que llegan a Santa Ana. Cada moneda que suena en el fondo de una bandeja es correspondida con un retrato de Señá Santa Ana, El Niño y La Virgen, cuando le parece insignificante la limosna, te mira a los ojos y enseguida te hace descubrir en su mirada aquello de “mi arma estírate un poco o quédate esperando que te dé una foto”. Llega la Cuaresma y por ende los traslados de las Imágenes Titulares de la Hermandad de la Esperanza de Triana para la celebración de sus Cultos anuales en la Real Parroquia de Santa Ana. El Mudo empieza a vivir los días con mayor intensidad, su corazón se acelera, su cansado cuerpo se fortalece, es fiel testigo de cada detalle, de cada flor colocada en el Altar de Cultos, de cada gota de cera que lagrimea sobre la plateada candelería.

Mañana de Jueves Santo y el Mudo que no cabe de si por tan incomparable gozo, no duda en compartir sus sentimientos con sus fieles amigos del Barrio que a muy temprana edad lo acogió como su niño protegido. No deja de dibujar sonrisas en su envejecido rostro, pasa la tarde y llega la noche. La Calle Larga de Triana, poco a poco es cubierta por un público expectante, sueños revividos de Madrugada y llega la Mañana. Su corazón se acelera ante el sonido de cornetas y tambores en el cercano Convento de la Encarnación, sin saber porque extraño milagro el Mudo por una mañana percibe con claridad los sonidos de la que se apaga Verde Madrugada. Desde la Puerta que apunta a la casa del Párroco puede ver como asoman seis ciriales y siente como el corazón se le sale del pecho del que cuelga una medalla. Se acerca la Reina de Triana, el Mudo levanta la vista y contempla con contenida entereza la aparición de los primeros varales y dos repletas esquinas de flores. Poco a poco revira el palio hasta que asoma por completo la belleza incomparable de la Esperanza de Triana, el Mudo no aguanta más, cada paso de su Virgen Morena su corazón un punto más acelera, hasta que llega a su vera y se detiene ante él. El milagro de la voz se hace presente en su callada garganta, tres veces llama guapa a la Virgen, tres piropos que no podrían entenderse mejor ni recitados por el mejor de los poetas. El más grande pregonero de Sevilla enmudece su silencio para gritar con fuerza “guapa” “guapa” “guapa” ¿Dime Dios mío si estoy en Triana o si me llamaste ya a la Gloria?, mares de lágrimas recorren sus mejillas, cierra los puños y en la Virgen de Pureza clava su mirada. No sólo son sus lágrimas, cientos de trianeros lloran con el Mudo de Santa Ana. Se aleja el palio y con él la Esperanza, el Mudo pierde a la Virgen de su vista y hace cuentas con sus manos para saber cuantos días le quedan para volver a encontrarse con Ella.

Al Mudo de Santa Ana con cariño de su amigo Jordi de Triana.

jueves, 6 de noviembre de 2008

A Híspalis con la Justicia de su Causa.

Sevilla empieza a anochecer en el horizonte de un Aljarafe guardián y centinela cartujano. Sus calles a penas tienen vida, los pajarillos se protegen de la fría noche en las copas de los árboles arropando con sus alas a sus indefensas criaturas, las tupidas madreselvas y los naranjos cierran sus ojos de otoño soñando con el esplendor de una nueva primavera. A penas pueden percibirse los mínimos indicios de una Ciudad repleta de vida.
Lejanos al mundanal silencio cuentan las últimas horas del día en un acogedor hogar de nuestra Sevilla. Lentos y cautelosos pasos de un padre llevan a la pequeña Laura a descansar su pequeño cuerpo de ángel sobre una suave sábana de seda. El último beso del día sobre su carita aterciopelada es preludio de un profundo y hermoso sueño.
Se hace la noche por completo, el silencio y la oscuridad caen sobre una calle que es levemente alumbrada por parejas nombradas de farolas. Poco a poco se apagan las luces de las casas vecinas del Barrio.
Tras dar el último beso de la jornada a su princesita y cansado por la rutina diaria se sienta junto a la compañera de sus días, los párpados comienzan a pesar, los ojos entreabiertos lo acompañan a la puerta de un primer sueño que nos transporta a un balcón de Triana que a través del Guadalquivir apunta hacia la otra orilla del Río, en un primer plano su dorada Torre cercana y al fondo La Giralda soñadora, prendida por azucenas, que sobresale con su belleza y por su altura de las paredes del Templo Catedralicio.
Gran Poder y Macarena velan por el sueño de su niña. Mientras, él no termina de conciliar el sueño propio. Su preocupación por Sevilla puede con el cansancio. Se levanta presuroso para tomar papel y lápiz e inicia unas líneas marcadas por la honda preocupación por unas calles heridas, el abandono de unas plazas, el dolor por unas piedras rotas, el monumento agrietado por el paso de los años, el balcón que amenaza con descolgarse, la fachada fatalmente apuntalada, la Sevilla histórica salpicada por la mal entendida modernidad y en fin trata de buscar una solución para acabar con tanto abandono, desazón y desidia. Su Sevilla está tristemente malherida, las llagas cada vez son más profundas y el dolor más inconsolable.

Vencido por el sueño se marcha a descansar, antes toma el mismo lápiz para señalar un nuevo día en esa cuenta atrás que lo llevará a un nuevo Domingo de Ramos. En sus sueños aparece un penitente de morado antifaz abrazando una Cruz besada por las cuentas de un rosario. La mirada siempre al frente buscando al Señor de bronce y bendito. Sonidos de tambores y de cornetas, de zambras gitanas, de cantes jondos por seguidilla y por martinete, gitanos que bailan en San Román, soleares, bulerías y tientos, El Manué camina con duende y poderío al compás de la Laguna. El Rey de los payos y de los gitanos vuelve a reinar en la noche más hermosa de la vieja Híspalis. Radiante como el Sol y elegante como la Luna camina por Sevilla la Reina de San Román, el palio se estremece, requiebros, mecías leves a golpe de cintura, soleá entre varales de plata, la candelería encendida como el cisco gitano que huele a azúcar quemá a los pies de una mesa de camilla.

Noche del Señor y de la Esperanza, noche de sueños revividos y la noche más gitana. Quejíos y suspiros en los jardines del Valle despiertan a los ángeles dormidos de San Román. Noche de canela, terciopelo, silencios, llantos, oraciones y promesas. Silencio en una calle, oscuridad en el firmamento, una hilera de cirios encendidos y detrás el Cristo de los Gitanos al son de una saeta. Se acaba la noche gitana y un largo año tendremos que esperar para verte la cara rosa morena y calé de las Angustias Coroná.

A ti Híspalis.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Un Viejo Balcón en San Lorenzo ...................A ti querida Glauca

El balcón permanece abierto de par en par esperando al Señor. Un mínimo haz de luz termina por alumbrar la oscuridad del interior de una vieja casa, en sus entrañas se divisan dos sombras hermanas, simétricas e inmutables. Sentadas en sendos sillones y padeciendo el hondo pesar que sienten en sus cansados corazones por el mucho vacío de las ausencias pasan sus horas en silencio. Un silencio tenuemente alterado por el leve murmullo de la brisa que acaricia el suave tacto de una cortina blanca de seda. El recuerdo de incontables madrugadas permanece intacto en la frágil habitación de sus memorias. Sus vidas transcurren en torno a una mesa de camilla perfectamente arropada, sobre la cual podemos contemplar media docena de paños de encaje y un arrugado pañuelo bordado sobre el que se adivinan unas iniciales cuidadosamente marcadas. Visten hábito morado en señal de promesa. El mismo que vestirán al final de sus días cuando sus cuerpos sean amortajados para iniciar el viaje que las llevará a descansar para siempre junto al que Todo lo Puede. Dos candelabros de plata ennegrecidos por el paso del tiempo, un rosario apoyado sobre un misal de amarillentas páginas, un reloj de pared de aquellos que vemos a diario en tiendas de antigüedades, una estantería repleta de libros de vidas de santos y mártires, un pequeño transistor vestigio de viejas novelas y de partes de noticias componen el humilde mobiliario de un estrecho, calido y al tiempo confortable cuarto de estar. Como mejor tesoro y estrechados entre sus arrugadas manos viejos retratos del Señor de estimada fecha en los años cuarenta, cuando todavía residía en la Parroquia de San Lorenzo.
Meses atrás, entre lágrimas y oraciones, se asomaron por última vez al viejo balcón para ver marchar al Señor. No pueden disimular la tristeza que les produjo tan irreparable marcha. Como puñal penetrante sienten cada uno de los pasos que dio El Señor hacia la lejanía de un oscuro, para ellas, horizonte sin su Dios. Sus cansados pies se detienen cada noche detrás de las cortinas, el dolor les impide dar un último paso para asomarse a su balcón y con ello sentir todavía más si cabe la soledad de una Plaza y la ausencia de su Dios. Su fe en el Señor permanece inalterable tras su marcha, pero como buenas hijas necesitan de su cercanía, de su calor y de su mirada. Fueron muchas las madrugadas en las que estas mujeres acompañaron sin descanso al Señor de Sevilla. Cada día no les faltaba tiempo para acercarse a la Basílica y tras minutos de oración subir la escalera de mármol que llega al camarín del Señor, una mirada a su costado y un beso en su Sagrado Talón. Hace años que las fuerzas abandonaron sus envejecidos cuerpos y el sueño de cada Madrugá es fruto prohibitivo para ellas. No pueden seguir acompañándolo durante toda la noche.
Su gran consuelo está en un privilegiado balcón que apunta hacia el corazón de San Lorenzo y que les permite contemplar al mismísimo Dios caminando por las calles de Sevilla. Toda una noche en vela, sin tiempo para conciliar el sueño, esperando con ansiedad el canto de los pajarillos que despiertan para bendecir al Señor de Sevilla en su retorno a la Plaza. Volverán a asomarse al balcón como la madre que espera al hijo durante toda una noche con preocupación y que lo ve llegar tal como se marchó, con una sonrisa celosamente guardada para ella. Meses de ausencias, de soledades, de vacíos y de oscuridad. No desesperéis piadosas mujeres que muy pronto, vivos los ecos de dos penetrantes saetas que partieron de un balcón cercano, del silencioso murmullo de una abarrotada Plaza y de la infinidad del Dios Todopoderoso que se marchó a cuidar de sus hijas, monjitas de Santa Rosalía, volverá con su Luz para deslumbraros con la infinidad de su Amor.
Despertarán los vencejos de la Santa Madrugada, la soledad de la Plaza volverá a llenarse por completo, renacerán viejos aromas de pasión, nos reencotraremos con nuestro pasado más lejano, despertaremos de un profundo sueño, los viejos corazones latirán como lo hicieron antes de la ausencia más inesperada, San Lorenzo volverá a ser pórtico del Cielo y la Basílica la única morada del Señor.
No me olvido de ti querida abuela, tras los pasos del Señor caminará tu bella azucena.

sábado, 4 de octubre de 2008

SAETA A UN CRISTO MUY VIVO

Querido amigo, tu mala suerte te llevó a vivir en la calle, sin otro techo que el celeste horizonte que cubre nuestra Sevilla. Conoces tu nombre y poco más sabes de ti. Hace años que la felicidad dejó de acompañarte en tu camino, los tuyos poco a poco te fueron abandonando, los besos de esa madre que tanto añoras te acompañarán para siempre y llenarán mínimamente tu mucha soledad. En tu morada las ventanas y puertas permanecen siempre abiertas dejando pasar el frío de la calle, con a penas una manta puedes protegerte de la helada noche. Tienes muy poco en esta vida, pero tu corazón es tan grande que no dudas en compartirlo con tus semejantes.

Quisiera ser tu costalero para aliviar el dolor que te embarga hermano mío, ser tu cirineo para hacerte más liviano el peso de la cruz que cargas sobre tus espaldas. Eres tú mi Dios y no otro: Señor de las aceras, Crucificado en el árbol del olvido, Jesús Preso amarrado a tu desdicha, Nazareno descalzo y errante en el interminable camino de tu Amargura, Cautivo a los pies de una farola, Desnudo de bienes materiales, Despojado de todo derecho, Flagelado por tu pena, Silencio ante el desprecio de tus hermanos, Presentado a la desesperación, Perseguido, Misericordioso en el fondo de tu triste y dulce mirada, Negado tres y mil veces, Abofeteado a manos abiertas, Prendido entre los árboles de un parque, Humillado, Sentenciado, Calumniado, Burlado, Maltratado, Vendido por tres monedas, falsamente Besado, Caído tantas veces que hasta perdiste la cuenta, Ajusticiado y Yacente en el banco de una plaza, eres Tú mi Dios y no otro.

Muchos que te ven pasan de largo. No conocen tu nombre, nada sobre tu vida, pero saben que sufres. Su egoísmo les impide dedicarte una palabra, una moneda, un gesto o una sonrisa. Están tan ciegos que son incapaces de leer en tus ojos el mensaje del Dios que llevas en tus entrañas. Es poco lo que tienes hermano mío y menos aún lo que pides.

Eres tu mi Cristo y no otro. Porque mi Cristo está muy vivo y vive en tu cuerpo y en la cárcel de tu condena. No pierdas nunca la fe en el Padre que por ti llora en el Cielo, no pierdas la fe en esa otra Madre que te espera para arrullarte entre sus brazos. El Reino de los Cielos te rescatará de la pobreza y de la miseria.

Recuerdo aquellas tristes palabras que nacían de la garganta de una mujer derrumbada por el dolor en la recién estrenada mañana de un Domingo de Resurrección. No olvidaré jamás la bellísima estampa del Cristo Resucitado a puertas del Salvador y aquella llorosa mujer que recitaba a su Dios la más penetrante saeta que mis oídos de por vida han podido escuchar: “qué pena Dios Mío que se me han muerto mi madre y mi marío, nada más me queda en esta vida que a ti Padre Mío”.

sábado, 30 de agosto de 2008

"Hasta Siempre Amigo del Alma"

Se pierde el palio en la profundidad de la calle San Vicente confundido entre naranjos cubiertos de azahar. Los penetrantes silencios de Sevilla atraviesan las entrañas heridas de la Ciudad ante la imperturbable mirada de hijos anónimos ataviados con túnicas de negro y esparto. En el horizonte de la excelencia romántica, testigo de la imborrable huella de nuestros antepasados, se atisba una intensa luz que nos devuelve a la añoranza perdida en el tiempo y en el espacio. En el ambiente puede palparse el duelo de las almas dormidas de Sevilla que despiertan un año más a la llamada de la nostalgia. Ilusión y realidad caminan juntas y frente a frente como parejas de nazarenos perfectamente alineadas por diligente diputado de tramo. El Universo se detiene ante tanta belleza concentrada en las formas perfectas de la Virgen del Dolor inconsolable que camina bajo un señorial palio de crestería. El negro cielo de Sevilla, el incomparable lienzo de San Vicente y la Virgen de los Dolores funden sus almas en una sola, el tiempo se detiene, los corazones aumentan su latido vital y la Ciudad eterna que nunca muere porque pervive en la justa memoria de su Historia retrocede varios siglos en el almanaque de su tiempo.

Junto a la Madre Dolorosa camina un hombre bueno de Sevilla acariciando la manigueta delantera izquierda de su palio y a su derecha su hermano del alma. La sabiduría de tantas noches de Lunes Santo percibiendo inigualables sensaciones han permitido a este enorme cofrade de Sevilla descubrir cada detalle en el andar del palio de su Madre, adivinar el leve desfallecimiento de parte de la cuadrilla de sus costaleros y momentos después la gran fuerza de los corazones que vuelven a llevar a la Virgen como se merece. Adivina cada marcha que sonará en cada lugar del itinerario como música celestial interpretada por los músicos de Tejera y en fin para él no existe el mínimo secreto. La nostalgia, la memoria y el recuerdo de tantas estaciones de penitencia compartidas en la noche del Lunes Santo han estado muy presentes a lo largo del recorrido. La complicidad de sus corazones no necesita de una sola mirada para avivar el fuego del cariño. La Virgen que mira al Cielo vuelve a su Templo y con ella sus dos hijos terminan por revivir un nuevo sueño. Todo era igual aquella fría noche y todo era distinto. Era una noche más de Lunes Santo, una noche como otras tantas. Aunque aquella noche era distinta y Ella sabía demasiado bien el motivo. Uno de los hermanos que cada año y fiel a la cita paseó por Sevilla abrazado a su parihuela acababa de completar la última Estación de Penitencia con su Hermandad de las Penas de San Vicente.

Los Arcángeles de Cristo tenían un mensaje para ti querido amigo. Jesús de las Penas y la Virgen de los Dolores querían tenerte muy cerca y no sólo en aquella noche señalada en el exacto calendario de nuestra Ciudad. Te llamaron para compartir la Gloria del Cielo por todos los Siglos. Querido amigo y maestro has cerrado los ojos a la vida terrestre para vivir la eternidad de la vida Celeste. La sabiduría de Dios ha vuelto a sorprendernos al elegir al mejor de los nuestros. El abrazo de Lunes Santo se hará eterno junto a la Virgen de tus sueños y Jesús de las Penas te hará disfrutar de la Estación de Penitencia Definitiva compartiendo cofradía con tantos hombres buenos que hicieron de su vida paradigma de entrega, amor y generosidad.

Una inesperada enfermedad se cruzó en tu camino y como tu Cristo de las Penas, caído pero no vencido, lograste sobreponerte. Fuimos testigos de tu curación con alegría y con la admiración por esa entereza que no dejó de sorprendernos a lo largo de tus días. Tristemente y cuando empezabas a disfrutar plenamente de todas tus cosas y de iniciar un nuevo camino de sueños generosamente compartidos la muerte te sorprendió de forma traicionera, sin permitirte siquiera la posibilidad de luchar lo más mínimo contra ella. Como el Río que baña de costado a costado el alma de nuestra Sevilla tu vida acabó desembocando en tu otra patria, en tu patria chica, en tu querida Sanlúcar de Barrameda.

Con mucho dolor te hemos acompañado en tu último paseo por Sevilla. Nos queda un vacío enorme que jamás podremos llenar. Sabes bien querido amigo, permíteme mejor que te llame hermano, padre o maestro que nunca te olvidaremos. Todo nos recuerda a ti. En estos momentos de tristeza difícilmente podemos encontrar palabras para expresar tanto agradecimiento por todo lo que has hecho por nosotros y más complicado nos resulta transmitir la mucha pena que nos embarga por tu inesperada ausencia. Has sido un ejemplo para todos nosotros, tú como nadie has conseguido que todos estemos unidos y que ningún motivo por muy significante que nos pudiese parecer haya servido para distanciarnos. Querido amigo del alma si hoy día podemos presumir de haber conformado esta otra gran familia ha sido por haber encontrado en ti el padre perfecto, el amigo inquebrantable, el hermano que nos acompaña en los momentos difíciles y en fin el espejo en el que todos debemos mirarnos. Eres nuestra alma y no dudes que continuarás siéndolo. Desde hoy pondremos todo nuestro empeño en seguir tu estela, aunque difícilmente lo conseguiremos.

Hace pocos días me acerque a Santa Rosalía para visitar al Señor de Sevilla. Le recé tres Padrenuestros: el primero por el descanso eterno de tu alma, en el segundo le pedí porque fortalezca a los tuyos en el duro camino de sus vidas sin tu presencia y en un tercero para agradecerle con todo mi corazón el haberme regalado tu incondicional amistad. En la mirada del Señor he comprendido que ya te encuentras junto a Él, no tenía dudas de que sería de este modo, aunque me agradaba adivinarlo en la profundidad de su penetrante mirada. Como dice mi pequeña niña, estarás dormidito en el Cielo junto al Señor, de ese modo también lo entiendo yo, en otro caso no encontraría en este mundo consuelo que pudiese aliviar el mucho dolor que siento por haberte perdido para el resto.
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Hasta siempre amigo del alma. Que Dios te bendiga y encuentres en Él descanso eterno.









In Memoriam Luis Javier Fernández-Palacios

martes, 5 de agosto de 2008

Un Cirial para un Ángel en el Cielo Baratillero

Pedro, ya no tendrás que mirar al Cielo las primeras horas de la tarde del Miércoles Santo, esos nervios de joven cofrade dejarán de acompañarte horas antes de vivir tu anhelo baratillero. Las dos más hermosas rosas del Arenal dejarán de velar por tus sueños de niño acólito y nazareno, ahora las tendrás tan cerca de ti que no tendrás que dar ni un solo paso para poder besar sus manos de seda o acariciar sus rostros de terciopelo.

El Señor te llamó muy pronto a su lado, tenías muchas cosas que hacer en esta vida, pero muy poco que demostrarle a Él. Las puertas del Cielo se abrieron de par en par para recibir al niño que dedicó lo mejor de su vida a complacer los designios del Dios bondadoso


Tus padres y amigos están muy orgullosos de ti y con tu ausencia encuentran un vacío que nada ni nadie podrá llenar. Les queda el consuelo de saber que arriba estarás junto a tu Cristo de la Misericordia, la Virgen de la Piedad y la Caridad en su Soledad. Que mejor que ellos para cuidar de su niño.


La otra Plaza del Cielo te aguarda en esa eterna Madrugá que por siglos viven los elegidos, los que entregaron su alma al Señor de San Lorenzo. Aquella mañana extraña de domingo, por fin cumpliste tu sueño y acompañaste al Señor hasta Santa Rosalía portando un cirial, ahora estarás muy cerca de Él.


Nuestra Semana Santa carecería de sentido, no sería nada, sin el recuerdo y la memoria de tantos buenos cofrades que dejaron corazón, alma y vida como legado de amor. Este joven cofrade de Sevilla es un ejemplo vivo de entrega, generosidad, abnegación y compromiso. Personas como Pedro nos hacen sentirnos orgullosos de nuestra Semana Santa y nos ofrecen motivos suficientes para seguir adelante con este hermoso cometido de siglos de Historia.


Momentos como éste nos reafirman en la incuestionable certeza que después de esta vida y tras el duro trance de la muerte existe una vida mejor. La nobleza del corazón de este joven sevillano revive para siempre en la inmortalidad de su alma. El río de su vida fue a vivir y no morir al Mar del Cielo.


Descanse en paz nuestro hermano baratillero y ángel custodio del Arenal.




A Pedro, el joven que nos cautivó en el programa Semana Santa de Sevilla


viernes, 1 de agosto de 2008

Negra Noche de Lunes Santo en Sevilla


El Cielo de Sevilla vestía traje oscuro de noche estrellada, la Luna quedaba prendada ante el encanto de una Ciudad de belleza incomparable. Cuantos sueños compartidos caminando solitarios por plazas, rincones y callejuelas, cuanta nostalgia y cuantos besos robados en un banco de una plaza junto a una fuente de fresca agua. Cuantos encuentros y desencuentros, cuanto misterio y certeza en la profundidad de una mirada. La Luna muy cercana a su plenitud en el cercano Parasceve que llegaría a plasmarse en el horizonte de esa noche mágica donde la Muerte es el más fiel canto a la Vida. En esa noche el cielo oscurecerá por completo cegado por la Luz de ese otro Cielo morada del Padre Eterno. La Luna orgullosa no entendía encontrar rival en el firmamento que acercarse a su belleza pudiera, hasta que apareciste tú, noche oculta e íntima de Sevilla. Con tus encantos de primavera la hiciste cautiva de tu hermosura y hasta arrodillarse a tus pies de princesa.

Noche de Lunes Santo en Alfonso XII, el Museo, Cuna, Virgen de los Buenos Libros, Baños, Plaza de la Gavidia, Placentines, Plaza Duque de la Victoria y San Vicente. Cierro los ojos y me reencuentro con la Sevilla que vivieron nuestros ancestros. Por mi imaginación discurren diversos personajes de la Sevilla inmortal, la Sevilla que se detuvo en el tiempo, la Sevilla que no acaba de morir y que cada Lunes Santo por la Noche queda inmortalizada en incomparable lienzo de negro terciopelo. No paro de soñar y presiento a caballeros trajeados rigurosamente que acompañan a sus señoras cogidas de los brazos, me los imagino con elegantes sombreros y a sus mujeres celosamente ataviadas con vestidos de complicada confección y de exquisita compostura. Me hago una composición de lugar de la Sevilla romántica y de leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer y de la Sevilla misteriosa y espiritual de Miguel de Mañara. Presiento que estoy a punto de vivir lo mismo que durante siglos pudieron contemplar otros tantos sevillanos que perviven en la justa memoria de la Ciudad.

Inicio mi encuentro con la trilogía romántica y clásica del Lunes Santo en la calle Alfonso XII. Se vislumbra por el horizonte la sinuosa silueta del Cristo de la Expiración del Museo. Cristo retorcido de dolor, tratando de sacar fuerzas de donde no existen. Una Imagen cruel de la Muerte. La idea de los últimos instantes de Cristo en la Cruz adornada de un dramatismo que va un paso más allá del barroquismo sevillano que encuentra en el Cristo del Cachorro de Triana una representación más dulce y suave. A medida que se aproxima la sagrada Imagen Expirante el pellizco de los corazones aprieta con más fuerza. Cristo trata de aferrarse a la vida. En pocos segundos el Redentor caerá vencido, ingrávido e inerte declinando la cabeza en el rigor de la Muerte. Una sola Imagen que nos describe con acierto los últimos segundos de Cristo vivo antes de alcanzar la eternidad de la Vida. El moreno torso del Cristo de la Expiración del Museo busca la Plaza del Duque en la apagada noche del Lunes Santo.

La preciosa Virgen de las Aguas abandona la Plaza del Museo y llega a Alfonso XII, un año más a los sones de la marcha Rocío. El palio neoplateresco de malla camina muy despacio, apenas avanza, un leve golpe de cintura y dulces mecidas alivian el sufrimiento de la Reina del Museo. La Virgen de las Aguas resalta por su hermosura y por ese toque único e inconfundible de la diadema de plata de ley dorada rematada por una Cruz y el especial cuidado de la blanca toca que envuelve su cara. Aromas de azahar e incienso se entremezclan con la inmediatez de la Muerte de Cristo a punto del último aliento y la vida en la Virgen representada por vital elemento. De los ojos de la Virgen podemos leer un hermoso poema de amor hacia el Hijo que busca la paz en el descanso junto al Padre Eterno. Romance de amor en el Museo, miradas que se buscan y que no terminan de encontrarse.

Detengo mis pasos en la Plaza del Salvador. In memorian dos grandes amantes de Sevilla, dos hombres que dejaron una hermosa huella, dos hombres de nombre Juan, uno que soñó con Dios y que de la tosca madera lo esculpió y otro que se entregó en cuerpo y alma para devolver a Sevilla el orgullo perdido. Atrás quedaron viejas postales de piedras heridas y los lamentos de la Sevilla profunda huérfana del esplendor de uno de sus Templos elegidos. Dios quiso que el bueno de Juan Garrido Mesa descansanse para siempre como recompensa por una obra bien acabada. Jesús de las Penas, dulce en su mirada, herido en su cuerpo y enternecedor en su gesto, Jesús vencido y victorioso, Jesús caído y Jesús que no termina de caer por completo. Sin duda alguna una de las imágenes más enternecedoras de Jesús en la Pasión según Sevilla. Jesús de las Penas cargado por una pesada Cruz que cae con todo su peso sobre el suave terciopelo de su túnica, muy lejos de derribarse en el dolor de su condena, es fuerte en su camino. La fuerza de la gravedad provoca una herida profunda en su torso malherido y su amor infinito es alivio para su propio dolor y para el ajeno. Firme camina el Señor de San Vicente, su cuerpo quebrantado y las rodillas besando su canastilla, caído va Jesús de las Penas, caído pero no vencido.

Tres pinceladas dibujan la composición perfecta en la hermosa noche de Sevilla. El Dolor profundo de la Madre con la mirada perdida hacia un horizonte infinito en gesto de rogativa y su rostro pálido por el que resbalan siete lágrimas, tantas como dolores padeció la Virgen en la Pasión de su Hijo, lágrimas que terminan por estremecernos y por invitarnos a buscar en Ella consuelo para nuestras muchas penas. Camina la Virgen bajo un palio neoplateresco rematado por una elegante crestería. Tras una rotunda y desgarrante marcha fúnebre de Chopen la Virgen se adentra por Cuna, su manto se pierde en la lejanía y en unos últimos compases de una marcha clásica interpretada por los músicos de la Banda del Maestro Tejera. Tres gotas de esencias sevillanas que se esparcen por el áurea de Sevilla: Dolores de San Vicente, majestuoso palio señorial y la exquisitez musical de Tejera.

Aligero el paso por Laraña, Plaza del Duque y Virgen de los Buenos Libros para observar el tránsito de las últimas parejas de nazarenos que siguen la estela de una Cruz impregnada por una hermosa leyenda: “Toma tu Cruz y Sígueme”, simbología del dolor, sufrimiento y abnegación y del seguimiento sin condiciones a Cristo hasta la Muerte. Muy cerca de ellos continua caminando con paso candente el Santísimo Cristo de la Veracruz sobre su recién estrenada canastilla. Del señorío y romanticismo de la Hermandad de San Vicente en a penas unos minutos pasamos a la contemplación teresiana y al misticismo en unas calles estrechas y oscuras. El pequeño Cuerpo del Santísimo Cristo de la Veracruz se confunde entre el Árbol de la Cruz, pequeñito y frágil, pero con un corazón tan grande que no existe canastilla en el Mundo que abarcarlo pudiera. Dos faroles alumbran la inminente presencia del Cristo Franciscano que avanza en la noche oscura del Lunes Santo. Cuatro hachones verdes escoltan la muy antigua Imagen de Cristo Crucificado. El Padre Seráfico de Asís protege celosamente a sus hijos de la tentación de la abundancia. La muy Humilde Hermandad prosigue en silenciosa meditación los últimos pasos de su Estación Penitencial en la noche cerrada de Sevilla.

Descansa el buen Jesús en su Capilla y a su encuentro la Virgen de las Tristezas. Un austero palio negro de cajón acoge a la Santísima Virgen. Finos perfiles se dibujan sobre el rostro de una Virgen madura que rompe hermosamente con los sevillanos cánones que nos muestran a una Virgen dulce y niña. La Dolorosa obra cumbre de Illanes nos muestra la firmeza en la asunción del Dolor por la Muerte en inigualable contraste con esa dulce manera de envejecer. La Virgen de las Tristezas camina sin descanso en pos del reencuentro. La comitiva de nazarenos de negro y un crisol de túnicas que simbolizan la confraternidad de Hermandades de Veracruz abren paso en el interior del Templo al tránsito del Santo Lignum Crucis dando sentido a una noche de tinieblas que torna a la Luz que prende del gran corazón que late bajo el pecho de un pequeño Cristo que duerme para siempre junto a sus hijos franciscanos.

La última estación de mi viaje por la noche de Sevilla me lleva a San Vicente. La soledad de una calle poco a poco es acompañada a medida que avanzan por sus entrañas parejas de ruán y negro. La luz de unos cirios encendidos nos muestra el camino hasta llegar a la Parroquia donde terminan por apagarse por completo. El maestro Pantión revive en nuestras memorias. El alumno aventajado de Turina desempolva un viejo piano y sus cansadas manos acarician el teclado para dar vida a unas notas excelsas que en perfecto compás amenizan el caminar de un Cristo arrodillado. El maestro nunca morirá mientras las notas de su inspirada creación suenen detrás de un palio sevillano. Mi imaginación me lleva a aquella apasionada Leyenda de Bécquer: Maese Pérez el Organista. Que contrasentido no señores, el órgano de Santa Inés anunciaba el nacimiento de Jesús y esta marcha describe el dolor de Cristo en una de las estaciones que lo llevarían a la Crucifixión. Del Aleluya a la Pasión en un abrir y cerrar de ojos. Al son de una música y la cadencia acompasada de alpargatas costaleras Jesús de las Penas termina su dulce martirio por las calles de Sevilla.

Lejos de romperse la noche y con ella detenerse los acelerados corazones, retoma con fuerza su camino vital. La Virgen de los Dolores regresa a San Vicente acompañada por las marchas clásicas de toda la vida interpretadas por la Banda de Tejera: Amarguras, Soleá dame La Mano, Ione, Virgen del Valle y Jesús de las Penas, junto a otras como el poema sinfónico La Madrugá de Abel Moreno, la romántica Margot de Turina y la genial obra Mater Mea. Un más vivo que nunca Pepín Tejera, maestro del buen gusto y de la justa medida, se vuelve a sus músicos para pedirles un último esfuerzo y una impresionante levantá a la voz de un capataz de corazón y bondad que duerme para despertar cada noche de Lunes Santo para mandar a su cuadrilla con un “vámonos de frente miarma” eleva el palio de la Virgen en rotunda levantá al negro Cielo de Sevilla. Lágrimas, emociones y mucho sentimiento se concentran en San Vicente. La Música de Tejera inicia las primeras notas de la Marcha Tus Dolores son mis Penas, bellísima composición fúnebre que narra el dolor inconsolable de una Madre, enternecedor relato de la pena desgarrada en la profundidad de un corazón roto y la mirada perdida de la Madre piadosa y suplicante. Los últimos lamentos de pentagrama coinciden con la entrada del palio en San Vicente, sus puertas se cierran por completo y la realidad de una noche hermosa de Sevilla regresa a la profundidad de un largo sueño.


A mi maestro y amigo Luís Javier Fernández-Palacios con cariño de su siempre agradecido Jordi de Triana.

domingo, 4 de mayo de 2008

La Pastora de Triana abrió el Balcón de las Glorias de Sevilla

La Pastora de Triana abrió el balcón de las Glorias a Sevilla. Triana y por extensión Sevilla han dictado sentencia. Las hermandades de Gloria viven un momento de esplendor y la Hermandad que venera a la hermosa flor que reside detrás justo del trascoro de la Real Parroquia de Señá Santa Ana es claro ejemplo de ello. La Hermandad trianera hace años despertó del triste sueño de la ausencia y poco a poco ha ido llenando un vacío que con el tiempo ha dado lugar a una Hermandad joven, alegre, entregada y sobre todo rebosante de vida. En el día de hoy ha escrito una de las páginas más inolvidables de su existencia.

Todo un Barrio completamente entregado ha salido a la calle para encontrarse con Ella cara a cara. Triana vistió sus mejores galas para recibir a la Virgen. La Pastora como imán de devociones y sentimientos ha ido recibiendo la presencia, siempre respetuosa y emocionada de la Sevilla Cofrade, que ha terminado arrodillándose a sus encantos. Ha escrito una página en el Libro de las Glorias, me atrevería a asegurar que nos encontramos ante un acto que puede extrapolar al maravilloso mundo de las Glorias el mismo sentido que el Vía Crucis de Sevilla a sus hermanas cofradías penitenciales.

La Virgen, refugio seguro de nuestras Almas ha enamorado a toda una Ciudad con su belleza, dulzura y los perfectos rasgos de su cara y esos ojos que a muchos recuerdan a los de la Reina Trianera de la Madrugá. Un precioso paso, un exorno floral exquisito, por la magnífica combinación de flores y por la no menos perfecta composición sobre la mesa de su paso, un precioso manto del color del Cielo, en el tapiz de la parihuela una corona como muestra de su innegable Realeza, la gracia de su sombrero y esos tirabuzones que adornan su pelo han terminado por decantar la balanza de sus encantos a una Sevilla que no dejará de soñar con Ella. No le faltó la compañía de Jesús, bendito pastorcito de sus entrañas, dando los primeros pasos al encuentro del redil de sus hijos trianeros. La reliquia de la divina Zapaterita en la delantera del paso suponía una llamada a la humildad y a la entrega por los más necesitados hijos de Sevilla.

San Jacinto recibió a la Pastora de nuestras vidas con la misma marcha que cada Domingo de Ramos despide a la Virgen que mejor conjuga el dolor de la pena con la belleza de unas formas humanas dibujadas en la divinidad de una Madre. La Virgen que eclipsa al firmamento con la luz resplandeciente que emana del estremecer de su condena en armonía con el horizonte de la belleza de su Estrella.

La Pastora de Santa Ana se paraba frente a la Capillita del Carmen a sones de Coronación, coronación por una Virgen hermosa que voló de su Convento Trianero para bendecir al Barrio de La Calzá, en ese justo momento y tras el estallido de la salve de un cohete, una paloma levantó el vuelo desde el Puente para acariciar el Cielo de Triana y emprender el viaje hacia Sevilla, ¿Serás tu Palomita de Triana?, Tu corazón vive en la Calzá, pero tu alma trianera perdurará en la eternidad de tu existencia

Reyes Católicos y San Pablo fueron punto y seguido en su recorrido. Montserrat y La Magdalena quedaron prendidas a su paso. En el aire de Castelar y Molviedro permanecían esencias de un Viernes Santo bañado de romanticismo por una delicia de Madre bajo un palio azul y las últimas notas de Saeta Cordobesa y Margot que permanecían suspendidas en el aire. Volvió a sonar Virgen de Montserrat como sonó aquella brillante noche de Sevilla. Los fieles entonaron el canto Salve Regina en honor a la Señora. La Pastora de Triana tocó con sus manos la Parroquia que tantas veces abrió sus puertas a las Hermandades de Triana para refugiarlas de la lluvia. El Cristo del Calvario dormido en el Árbol de la Cruz y su dolorosa Madre de la Presentación eran testigos de excepción a su llegada. La Virgen del Amparo, princesa de las Glorias de Sevilla recibía con emoción a su hermana trianera. Se alejó la Virgen y por unos minutos quedó cerrado el paréntesis del júbilo ante el sonido de la marcha fúnebre Quinta Angustia en honor al estremecedor Misterio que reside en la Magdalena.

En las puertas de Rioja la Virgen detuvo su paso ante el Templo Carmelita del Santo Ángel, donde esperaban el Prior de la Orden Carmelita y sus hermanos para el rezo del Ángelus.

Tras el rezo del Ángelus la Virgen reviró hacia una abarrotada Calle Tetuán que esperaba con entusiasmo a la Pastora que continuó su camino junto a la Capillita de San José, petalada en Jovellanos y el regalo de un ramo de flores por la comunidad Carmelita hermana de San José. La Pastora terminó por recorrer el último tramo de Sierpes. La Virgen llegó a la Plaza de San Francisco y a su pórtico de Corpus entremezclando aromas trianeros y sones macarenos.

A las puertas de la Catedral sones blancos de cornetas y tambores soñadores de una Verde Madrugá, tres marchas: El Desprecio de Herodes, El Manué y Madre de Dios del Rosario. A redobles de tambores reiniciaban el regreso para Triana. Y apareció La Pastora de Triana bajo un baño de Sol y multitudes. Su paseo por las calles de nuestra Ciudad terminó en la Santa Iglesia Catedral a los sones de Virgen de las Aguas.


El preludio de las Glorias fue hermoso para Sevilla.


viernes, 2 de mayo de 2008

De la Pasión a la Gloria en una Hora y Media Escrito por Esteban R. Rivas

Cuando el "Mayo Mariano" casi despunta después del paréntesis cofrade el presente mes, no quiere despedirse sin sorprendernos extraordinariamente y mezclar dos esencias en una misma mañana: el breve cortejo de incensarios con el recién cortado romero. Así ocurrió el domingo, 27 de Abril de 2008 en nuestra ciudad de Sevilla.
Dos barrios, dos devociones muy diferentes, Dos grandes, Madre e Hijo, Dos...Plaza de San Lorenzo: Una invitación a la reflexión, ¿Qué hacemos aquí? ¿Adonde vamos?, basílica triste y desolada. Calle Vázquez de Leca: Mañana de alfilererazos en las solapas, de medallas con pátina, Función en la Catedral del barrio con rocieros por doquier.

Son los minutos previos al Ángelus rociero de Triana, y no es a deshora de la madrugá, cuando el Hijo asoma por las piedras del pórtico, cual cruz redentora carga con paso firme sobre aquella plaza, vía dolorosa de Sevilla, haciendo un guiño siempre agradecido como en la “madrugá” ya hiciera, suspendido en el aire queda un ¡Hasta pronto Madre de “la Soleá”! ¡Hasta pronto querido Juan!

La multitud conforma verdaderas mareas humanas llegadas de todos sitios, miradas atónitas y expectantes ante lo que se nos viene encima ¿Por qué no decirlo? sin palcos, ni carrera oficial de aquí y de allá, de abajo y de lo alto; no es una nueva “madrugá”.

El llanto no podía faltar, aunque sea muy de mañana su Mayor Dolor está ahí sin la sacra conversación con el Discípulo amado. Toda Ella es Criatura Celestial, que por azul concepcionista macareno no ha de quedar, celeste y oro de Carrasquilla y Esperanza."Simpecao de Triana, Triana, contigo vida mía". Otro barrio con alma,“vestía toa" de verde, el de "Aguela Señá Santana” en busca de otra Esperanza.

Gentes por la antigua calle larga, Pureza de Triana. Mantones y corales para “La Chiquitita del Simpecao" que sin vacilar avanza en mano, de corazón a corazón. Revoloteo del Espíritu Santo en forma de paloma por los tejaos de la vieja cava y el gentío se adentra como si quisiera buscar en la liturgia del 6º de Pascua, juncia y romero, las aguas del “Jordán rociero”, el crujir de las carretas y encontrar la sombra de los verdes pinares por las arenas del Pentecostés almonteño.

Ya se presagia la Salve, los "vivas", y en las plegarias desde el azulejo de la casa encalada, ahí está la vieja rociera que casi bicentenaria tradición le viene de casta.


Un domingo típico de Pascua, con previos al Rocío tempranero de este año. Domingo atípico por la "no madrugá" del "morao" de túnica lisa nazarena, que -todos- y a todos cubre cuando llega y su cruz nos hace sombra.Nunca estoy solo.




Esteban R. Rivas