viernes, 22 de noviembre de 2013

DOS AÑOS Y MYRIAM SIGUE ESPERANDO


DOS AÑOS Y MYRIAM SIGUE ESPERANDO

Piensa la pequeña Myriam que entre nubes de terciopelo duerme su abuelo. Sigue esperando que vuelva desde el Cielo curado de la triste enfermedad que oscureció su sombra en la soledad de un sillón. Las primeras semanas de ausencia, como ángel custodio, defendió ese lugar en el salón de la casa repitiendo categóricamente aquello de ¡no te sientes ahí que es de mi abuelo! No entendía nada, demasiado dolor tras una simple y rutinaria visita al hospital. 

Apostada a la cómoda de la entrada esperaba la pequeña el chirriar de la puerta y el retorno a casa del abuelo enfermo ¡No, pequeña mía, ya no volverás a verlo entrar! ¡Quisiera explicártelo con palabras, sería imposible! Cada día que pasa percibo que eres tú quien mejor ha entendido todo lo que ha pasado. Hablas de él en tiempo presente, como si nunca se hubiese marchado. Lo cual no deja de ser cierto, su sombra es demasiado alargada como para oscurecerse. Formó tan entrañablemente parte de nuestras vidas, que difícilmente podríamos desprendernos de su cercanía, a pesar de la inexorable fugacidad del paso del tiempo y de la distancia. 

Contornos de miradas cansadas y yuxtapuestas en un único pensamiento llenaban cada lugar de recuerdos. La pervivencia del alma alejada del cuerpo quebrantaba el llanto inconsolable de los que quedaron buscando en un rincón de la gloria el fraternal abrazo con el ser querido. Quedan vivencias enmarcadas en la memoria y el agradecimiento por el inmejorable legado que dejó como irrefutable huella. 

La vida, querida Myriam, es como aquel triste día que te llevamos a la guardería con una sonrisa, todo transcurría con normalidad, por la noche mientras soñabas quedó dormido el abuelo, apartando de su senda las amargas espinas que fueron clavándose en su noble corazón trianero los últimos años. Lo esperaban sus padres y Francisco para iniciar una nueva vida juntos.

Transcurridos dos años del triste desenlace, oteamos nostálgicos el pasado para entender mejor el presente e iniciar con ilusión el futuro. El tiempo cicatriza heridas y la justa memoria ni yerra ni olvida. Hoy más presente que nunca volvemos a sentir tus caricias, a oír tu voz y darle mil gracias a nuestro Dios por regalarnos tantos años en tu compañía. 

Si mi querida Myriam, entre nubes vive tu abuelo, blanquecinos algodones, que para ti quiso fuesen de caramelo.